La desorientación y sus dificultades

La desorientación y sus dificultades

Cuando se habla de desorientación, la mayoría de las causas que podemos encontrar apuntan a orígenes médicos: deterioro cognitivo, infecciones, enfermedades neurológicas, efectos secundarios de medicamentos, etc. Y es totalmente válido. Esos factores explican muchos casos reales y requieren atención especializada.

Pero ¿qué pasa con todas esas personas que se desorientan frecuentemente, que no tienen ninguna patología diagnosticada, y sin embargo no pueden ubicarse con facilidad en el espacio? Ahí es donde entra una teoría que hemos desarrollado y validado en nuestra práctica diaria: la relación entre desorientación, lateralidad y organización espacial.

No todos los casos de desorientación tienen una causa médica

Las principales causas suelen ser las siguientes: la desorientación puede estar provocada por condiciones como el Alzheimer, infecciones graves, desequilibrios químicos o accidentes cerebrovasculares. Y cuando ese es el origen, el abordaje debe ser médico.

Sin embargo, en el Centro Llorens trabajamos con personas para las que esas causas han sido descartadas. No hay hallazgos clínicos, pero el síntoma persiste: se pierden, no pueden seguir un mapa, se desorientan en lugares nuevos o incluso conocidos.

En el Centro Llorens hemos visto muchos pacientes con problemas de desorientación, imposibilidad de seguir mapas, GPS, indicaciones, viajar, entre otros.

En estos casos, lo que encontramos no es un fallo neurológico, sino una dificultad para organizar el espacio, para tomar buenas referencias del entorno y ubicarse con claridad en él.

La organización espacial: la clave oculta detrás de muchas desorientaciones

El cerebro humano necesita estructurar el espacio para poder moverse con seguridad. Esto requiere combinar la información que recibimos a través de la vista y la posición del propio cuerpo en el espacio, creando un “mapa interno” que facilite la orientación y el movimiento con seguridad.

Cuando ese proceso falla —no por enfermedad, sino por una construcción inestable de esas referencias— aparece la desorientación.

La gran mayoría tenían dificultades en la organización espacial, en la percepción de figuras, formas, objetos, dimensiones y referencias, que a su vez dificultaban la toma de buenas referencias como base de una buena orientación.

Este patrón se repite en muchas personas sin problemas neurológicos, pero con un desarrollo incompleto o descompensado en términos de lateralidad o de integración perceptiva.

Y ojo: no todos los que presentan esta dificultad tienen necesariamente un problema de lateralidad definido. También atendemos a personas que, sin ese diagnóstico, mejoran notablemente al trabajar su organización espacial de forma estructurada y funcional.

Una alternativa al enfoque tradicional

En lugar de atribuir la desorientación a una causa médica invisible o a un déficit sin explicación, proponemos una hipótesis funcional:

En algunos casos, la desorientación tiene su origen en dificultades de lateralidad o en una organización espacial deficiente.

Este enfoque no reemplaza a los médicos. Es un complemento necesario para personas que se han quedado sin respuestas.

En muchos casos que atendemos, el origen de la desorientación no es patológico ni emocional, sino una consecuencia de cómo la persona ha construido su percepción del espacio a lo largo del tiempo.

Cita de referencia: el pensamiento espacial es entrenable

Una frase de la experta en cognición espacial Barbara Landau, de la Universidad Johns Hopkins, lo resume perfectamente:

“Spatial thinking is a skill we all have and can strengthen.” (Barbara Landau, 2005)

El pensamiento espacial es una capacidad que todos tenemos y que podemos desarrollar. Y eso es justamente lo que hacemos con nuestros pacientes.

¿Qué trabajamos en la terapia?

En la terapia de lateralidad trabajamos todos estos aspectos y los ponemos en práctica en el día a día de los pacientes.

Se trata de:

  • Reorganizar la percepción espacial del cuerpo.
  • Estimular la toma de referencias visuales, auditivas y kinestésicas.
  • Construir patrones estables de orientación en espacios abiertos y
    cerrados. Esto podemos conseguirlo mediante ejercicios de orientación espacial
  • Simular situaciones reales donde la desorientación aparece.
  • Correcta toma de referencias
  • Proporcionalidad y simetrías

Tanto si hay un problema de lateralidad como si no lo hay, la mejora en organización espacial puede ser notable.

¿Cómo saber si este enfoque es para ti?

Aquí algunas señales claras de que podrías beneficiarte de un trabajo en organización espacial:

  • Te cuesta seguir indicaciones de dirección (izquierda/derecha).
  • Te desorientas en espacios que otras personas encuentran simples.
  • Usar un GPS te produce ansiedad o confusión.
  • No sabes cómo volver a un sitio en el que ya estuviste.
  • Evitas conducir o viajar solo por miedo a perderte.
  • Recuerdas mal la posición de objetos o entradas.

Si estas situaciones te resultan familiares, lo más probable es que el problema no esté en tu memoria ni en tu salud mental, sino en cómo estás percibiendo y estructurando el entorno.

Orientarse se puede aprender

La desorientación no siempre es un síntoma de enfermedad. A veces, simplemente refleja que no se han construido bien las herramientas internas para organizar el espacio.

Con un trabajo estructurado, práctico y personalizado, es posible entrenar esa habilidad y recuperar la seguridad al moverse por el mundo.

Como dijo Landau: “El pensamiento espacial es una habilidad que todos
tenemos y que podemos fortalecer.”

Contacta con nuestros especialistas

    Luis Elías Llorens

    Luis Elías Llorens Director y fundador de Centro Llorens. Licenciado en Psicología y especializado en Lateralidad. Número de Colegiado: 22891.

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