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  • Susana Lladó

¿Qué es el esquema corporal, por qué es tan importante?



El esquema corporal es el conocimiento que adquirimos en la infancia de nuestro propio cuerpo ̶ tanto en estado estático como en movimiento ̶, la conciencia que tenemos de las diferentes partes que lo constituyen, su relación entre ellas y, fundamentalmente, su relación con el espacio y los objetos que nos rodean.


Ahora bien, esta definición que cabe en un párrafo hace referencia a una complejidad con múltiples implicaciones y repercusiones. Vamos a verlo.


Un poco de historia, solo un poco

Fue el médico francés Pierre Bonnier quien introdujo el concepto de esquema corporal por primera vez en el año 1904, en su libro Le vertige. Hasta entonces, la psicología hablaba de cenestesia. Se decía que comprendemos nuestro cuerpo a partir de las sensaciones que este recibe y transmite al centro nervioso de las aferencias sensoriales. Pero, poco a poco, se pasó de esta visión centrada exclusivamente en lo fisiológico a la noción de esquema corporal tal como la entendemos actualmente, que es mucho más rica y compleja.


Por qué es importante el esquema corporal

La noción de esquema corporal que acuñó Bonnier va más allá de las sensaciones internas del cuerpo, de cómo respondemos a ellas y de constituir lo que nos permite localizar los límites de nuestro propio cuerpo, ya que nos dice que la manera de acceder al mundo que nos rodea –incluyendo a los otros y los objetos– y a nosotros mismos depende de cómo hayamos adquirido el esquema corporal.



Durante los primeros meses de vida aprendemos a disociar a los otros y a nosotros mismos del entorno. A través de todas las sensaciones que recibimos del exterior mediante nuestro sentidos de la vista, oído, tacto, etc., y de las sensaciones internas (el dolor, la respiración, etc.) vamos desarrollando este conocimiento de nuestro cuerpo y formándonos una imagen mental de él, que es lo que denominamos esquema corporal (otra de las definiciones que a menudo se utilizan para referirse a él). De modo que podríamos añadir una tercera definición, la de Picq y Vayer: el esquema corporal es la organización de las sensaciones relativas al propio cuerpo, en relación con los datos del mundo exterior.


Por lo tanto, adquirir correctamente el esquema corporal o la imagen mental de nuestro cuerpo es lo que nos permite desenvolvernos en el espacio que nos rodea ajustando en cada momento nuestra acción motriz a nuestros propósitos (control postural), así como desenvolvernos con los otros. Pensemos que el cuerpo no solo percibe y expresa lo físico y lo intelectivo, también percibe y expresa las relaciones afectivas.


Cuando un niño ha construido un esquema corporal deficiente, esto se manifiesta en problemas de:


· Percepción y orientación espaciotemporal, con los consecuentes problemas de aprendizaje (lectoescritura, matemáticas, etc.).

· Motricidad

· Atención

· Relación: inseguridad, baja autoestima, etc.


Cómo se adquiere el esquema corporal



La construcción o adquisición del esquema corporal depende de:

  • Una lateralidad homogénea y bien definida.

  • El conocimiento, control, equilibrio, coordinación y movimiento del propio cuerpo: nos hace ser conscientes de nuestras posibilidades y limitaciones. Este aspecto implica aspectos cognitivos, como la capacidad de integrar correctamente la información.

  • El desarrollo de la percepción sensorial (distancias, dirección, peso de los objetos, etc.).

  • La respiración y la relajación (están relacionadas con el conocimiento del cuerpo y la motricidad).

  • El lenguaje: nos permite poner nombre a las partes del cuerpo y darle un significado.


El niño debe aprender a localizar los diferentes segmentos corporales en su propio cuerpo y en el de los otros, saber qué nombre recibe cada parte corporal y qué función tiene cada una de ellas. Para ello es necesario que aprenda a observar y a sentir su propio cuerpo, así como a orientarse y moverse con precisión en el espacio.


La adquisición del esquema corporal es un proceso, se va construyendo progresivamente mediante las experiencias que implican al propio cuerpo, probando y haciendo ajustes, y va de la mano del desarrollo motor.


En general, entre el primer y el segundo año, el niño comienza a diferenciar su cuerpo de los objetos. A los tres, ya puede identificar y nombrar las principales partes del cuerpo. A los cuatro, sabe que hay un lado derecho y un lado izquierdo, pero no sabe localizarlos. Entre los cinco y los ocho años, consolida su lateralidad, desarrolla el control postural y respiratorio, y se independizan los brazos del tronco. Entre los siete y los doce, se conforma la representación mental del esquema corporal.




En un artículo de la profesora de Psicomotricidad Jesica Buffone, la especialista explica el proceso de esta forma: «Según Ajuriaguerra, el niño de 6 años afirma su lateralidad y orienta el esquema corporal. Entre los 6 y los 8 años va adquiriendo progresiva capacidad para trasladar esta orientación a los objetos y demás personas. Según Vayer, en esta etapa se produce el desarrollo de las posibilidades de control postural y respiratorio, la afirmación definitiva de la lateralidad, el conocimiento de la derecha y de la izquierda, y la independencia de brazos con respecto al tronco. La lateralidad es el predominio motriz de los segmentos derecho o izquierdo del cuerpo. La afirmación de la lateralidad consiste en conocer cuál es el lado dominante de nuestro cuerpo teniendo como referencia el eje corporal, la columna vertebral, que es nuestro eje de simetría».


Para que todo el proceso de adquisición del esquema corporal se lleve a cabo satisfactoriamente, es fundamental la interrelación que el niño tenga con los padres y/o cuidadores y con su entorno, que sea estimulado, tenga la oportunidad de explorar, experimentar el movimiento y el juego, y que se relacione con otros niños.





Fuentes:


La construcción del esquema corporal infantil desde una perspectiva merleaupontyana. La propiocepción como fundamento del accouplement fenomenológico


Arte y parte

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