Mi hijo es zurdo, ¿es normal o debo preocuparme?

Cuando los padres observan que su hijo empieza a mostrar preferencia por la mano izquierda para escribir, comer o jugar, no es raro que surja la pregunta: “Mi hijo sea zurdo, ¿es normal?”. Lo cierto es que sí, es completamente normal. Pero la preocupación no siempre nace de la zurdería en sí, sino de las implicaciones sociales, educativas y emocionales que algunos asocian a esta característica.
Hoy en día, la zurdería se reconoce como una variación natural en el desarrollo neurológico, relacionada con la organización de los hemisferios cerebrales. Aunque la mayoría de la población es diestra, aproximadamente un 10% de las personas son zurdas, una proporción que se ha mantenido estable a lo largo de la historia. No es un trastorno ni un problema que deba corregirse, sino una forma más en la que el cerebro humano se estructura y funciona.
¿Por qué preocupa tanto ser zurdo?
Históricamente, el uso de la mano izquierda ha sido estigmatizado en muchas culturas. Aún hoy en dia, en algunos entornos familiares o escolares, se intenta corregir la zurdería de forma no intencionada, forzando a los niños a usar la mano derecha para tareas cotidianas. En nuestra experiencia en el centro Llorens, esto ocurre con relativa frecuencia:
“En el centro Llorens tenemos una gran diversidad de pacientes. Entre ellos se encuentran niños y adolescentes que a pesar de tener una naturaleza y lateralidad zurdas han estado fomentando desde la familia o la escuela la mano diestra. Esto suele pasar a menudo.”
Esta presión externa no sólo es innecesaria, sino que puede ser contraproducente. Forzar una lateralidad contraria a la natural puede interferir en el desarrollo motor y cognitivo del niño y provocar confusión, inseguridad o dificultades en el rendimiento académico, especialmente en tareas de lectura, escritura y coordinación.
La importancia de reconocer la naturaleza de nuestra lateralidad
La preocupación más importante no es que un niño sea zurdo, sino que no tenga definida su lateralidad de forma clara y homogénea. En algunos casos, el niño puede escribir con la izquierda pero tener dominancia visual o podal hacia la derecha. Esta mezcla de dominancias puede generar desorganización interna y manifestarse como dificultades escolares o problemas de atención. Así lo vemos con frecuencia en consulta:
“También hay niños que son zurdos de mano pero tienen las otras dominancias mixtas o lateralizadas hacia la derecha. En todos estos casos, el objetivo terapéutico es trabajar para lograr una lateralidad homogénea y corregir o reforzar todas aquellas áreas, motrices o cognitivas, en las cuales el paciente presenta dificultad.”
Una lateralidad bien establecida, ya sea diestra o zurda, permite que el cerebro funcione de forma más eficiente, automatice procesos y libere recursos mentales para tareas más complejas. Por eso, no se trata de corregir la zurdería, sino de detectar si existe una lateralidad cruzada o mal definida, y en ese caso intervenir desde la terapia para acompañar el desarrollo integral del niño.
¿Cómo afecta la zurdería al rendimiento escolar?
En condiciones normales, ser zurdo no implica ningún obstáculo académico. Sin embargo, si el entorno presiona al niño para que use la mano derecha o si no se tiene en cuenta su lateralidad natural al enseñarle a escribir o a organizar su espacio escolar, pueden surgir dificultades añadidas.
Por ejemplo, muchos zurdos escriben empujando el bolígrafo (en lugar de arrastrarlo), lo que puede dificultar la legibilidad o generar fatiga. En algunos casos, la postura del brazo se ve forzada al adaptarse a un mundo diseñado para diestros. Pero estas dificultades se minimizan o desaparecen con una adaptación adecuada: desde la postura y el tipo de cuaderno, hasta la forma de enseñar la escritura.
Donde sí hemos observado mayor impacto es en casos de lateralidad cruzada o impuesta:
“Esta dificultad suele afectar significativamente en el rendimiento escolar. Si no se hace nada respecto a los casos descritos anteriormente, las futuras decisiones respecto a la continuidad de los estudios pueden verse influenciadas por estas dificultades.”
Es decir, no es la zurdería en sí la que genera problemas, sino la falta de reconocimiento, adaptación y acompañamiento de esa condición.
¿Cómo saber si mi hijo es realmente zurdo?
La lateralidad suele definirse entre los 4 y 6 años, aunque en muchos casos se manifiesta antes. No obstante, es importante no colocar una etiqueta ni forzar una dominancia antes de que el sistema nervioso del niño la haya definido de forma espontánea. En nuestra práctica profesional, algo que consideramos esencial es:
“Detectar si la naturaleza de un niño es zurda aunque escriba con la mano diestra o tenga confusión en cuanto a las dominancias.”
Esto requiere una evaluación individualizada que no se limite a observar con qué mano escribe, sino que contemple todos los aspectos: visuales, podales, motrices y cognitivos. Solo así se puede intervenir con precisión y evitar que el niño acumule frustraciones evitables.
Conclusión: la zurdería no es un problema, el problema es ignorarla
Ser zurdo es una manifestación natural de la diversidad cerebral. Lo que sí puede generar dificultades es no reconocer la lateralidad verdadera del niño, intentar modificarla o no ofrecerle un entorno adecuado para desarrollarse con confianza y autonomía. Cuando hay confusión en las dominancias o se ha inducido el uso de la mano contraria, sí es importante intervenir desde una mirada terapéutica que ayude al niño a organizar su sistema neurológico y evitar problemas futuros. Detectar a tiempo estos casos permite reducir frustraciones, optimizar el aprendizaje y proteger el bienestar emocional del niño.
Además, la ciencia moderna confirma que la zurdería no es una anomalía ni un signo de riesgo. Como lo expone Tomasi (2024), “la lateralidad, incluida la preferencia por la mano izquierda, está fuertemente asociada con patrones de conectividad funcional del cerebro”, lo que evidencia que ser zurdo es simplemente una forma natural de organización cerebral.
Lo importante es que cada niño pueda crecer siendo fiel a su naturaleza neurológica, con herramientas adaptadas y entornos que respeten y valoren su forma única de funcionar.
Luis Elías Llorens Director y fundador de Centro Llorens. Licenciado en Psicología y especializado en Lateralidad. Número de Colegiado: 22891.