Lateralidad cruzada y emociones: impacto en el desarrollo emocional del niño

La relación detectada entre la lateralidad cruzada y las emociones pone de manifiesto la importancia poner el foco desde temprana edad en dicha condición y sus consecuencias si no es correctamente tratada. En el contexto del desarrollo infantil, la lateralidad cruzada no es una cuestión únicamente de dominancia manual o podal: es una forma en la que se organiza, o no se organiza, el cerebro para procesar y coordinar información motora, sensorial y cognitiva. Y cuando esa organización no se establece con claridad, las consecuencias emocionales son profundas, reales y tienen respaldo científico.
La investigación en trastornos del desarrollo motores, donde la lateralidad cruzada y la coordinación corporal atípica son parte de un patrón, muestra que estas dificultades se reflejan en la vida psicoemocional del niño de manera consistente. Por ejemplo, en el trastorno de coordinación del desarrollo, ampliamente estudiado, se ha demostrado que los niños con dificultades de coordinación, que en muchos casos incluyen aspectos de lateralidad mal definida, tienen riesgo significativamente mayor de presentar problemas emocionales, como ansiedad, baja autoestima o dificultades en la interacción social, comparados con sus pares sin estas dificultades. Estas asociaciones no aparecen por casualidad: están mediadas por la experiencia constante de frustración, aislamiento social, percepción de incompetencia y estrés continuo al intentar realizar tareas que otros niños dominan con mayor facilidad.
Quien ha estudiado este fenómeno en profundidad es la investigadora C. Missiuna, quien en una revisión publicada en Current Opinion in Psychiatry concluye que las dificultades motoras en la infancia a menudo actúan como un “factor estresor primario” que desencadena una serie de estresores secundarios (como frustración escolar, relaciones sociales negativas o experiencias de exclusión), lo que finalmente se traduce en malestar psicológico significativo.
La experiencia desde la clínica coincide con la teoría sobre la lateralidad cruzada y las emociones
Como terapeuta especializado en lateralidad he observado, de forma consistente, que niños con lateralidad cruzada tienden a percibirse a sí mismos como torpes, “menos capaces” o distintos, no porque lo sean en esencia, sino porque el cerebro tiene que trabajar constantemente para coordinar funciones que deberían estar automatizadas. Esta sobrecarga neurocognitiva se traduce en cansancio, frustración y conflictos internos que el propio niño no sabe cómo verbalizar.
Es habitual que estos niños, a pesar de esforzarse de forma significativa, no logren los mismos resultados en tareas que implican coordinación y fluidez, como deportes, escritura, actividades psicomotrices o planificación de acciones secuenciales. Esa experiencia repetida de “no llegar” o de tener que esforzarse constantemente para conseguir lo mínimo genera una carga emocional intensa: vergüenza, ansiedad de rendimiento, necesidad de evitar situaciones que antes disfrutaban y una percepción de sí mismos como “menos hábiles”. Esta dinámica encaja con la investigación citada, que relaciona problemas de
coordinación con peor bienestar emocional, sensación de incompetencia y dificultades en la integración social.
Cómo se vive internamente: frustración, autoestima e identidad
La lateralidad cruzada no causa emociones por sí misma. Lo que ocurre es que el día a día del niño se vuelve una fuente constante de evaluación social y rendimiento, y en cada situación donde la lateralidad mal definida interfiere (desde abotonarse una camisa hasta seguir instrucciones motrices complejas), el niño puede sentir:
- Que “no está a la altura” de sus compañeros.
- Que lo que hace no tiene sentido pese al esfuerzo.
- Que su cuerpo “no responde” aunque su mente lo desee.
- Que ser diferente implica menor aceptación social.
Este tipo de experiencia repetitiva puede erosionar la autoimagen y la seguridad interna. En términos psicológicos, cuando un niño percibe que sus esfuerzos no se traducen en éxito, independientemente de las causas neurológicas reales, tiende a desarrollar patrones emocionales de inseguridad, ansiedad anticipatoria frente a desafíos y autoconcepción negativa.
Lateralidad cruzada y emociones: vínculos entre coordinación motora y salud emocional
Aunque la literatura científica no establece una relación directa entre lateralidad cruzada y un trastorno emocional específico, debido a la complejidad del fenómeno y a la diversidad de métodos en la investigación sobre lateralidad, sí hay evidencia robusta sobre la relación entre dificultades motoras y problemas emocionales en niños. En un estudio prospectivo amplio, los niños con dificultades de coordinación motora tuvieron una mayor prevalencia de problemas de salud mental, incluidos síntomas afectivos internos como ansiedad o depresión, que se mantuvieron hasta la adolescencia(Wilson et al., 2024).
Además, varios estudios han hallado correlación entre habilidad motora y dificultades emocionales o de comportamiento, lo que sugiere que cuanto más dificultades de coordinación presenta un niño, más probable es que experimente emociones negativas relacionadas con su desempeño y su relación con los demás. Para ponerlo en palabras de la literatura científica, Missiuna et al. (2014) señalan que: “Las dificultades motoras crónicas pueden actuar como un estresor primario que inicia una cascada de estresores secundarios, incluyendo experiencias negativas en contextos sociales y
académicos, lo cual contribuye al malestar emocional” (p. 98) Esta cita resume exactamente lo que muchos niños con lateralidad cruzada viven: no se trata solo de motor o coordinación, sino de cómo esas dificultades se transforman en experiencias emocionales repetidas que modelan su percepción de sí mismos y del entorno.
Por qué se confunde con otros diagnósticos
Muchas veces estos niños terminan con etiquetas como déficit de atención, problemas de actitud o bajo rendimiento escolar, no porque la lateralidad cruzada sea la causa directa, sino porque el impacto emocional y la sobrecarga cognitiva interfieren con la atención, la motivación y la participación en clase.
El impacto emocional existe y tiene base científica
La lateralidad cruzada, cuando se asocia a dificultades de coordinación y de organización neuromotora, puede estar detrás de experiencias crónicas de frustración, percepción de incompetencia, inseguridad y desafíos sociales que configuran un perfil emocional vulnerable en el niño. Aunque la investigación sobre lateralidad específicamente es heterogénea y no concluyente en todos sus puntos, la evidencia global sobre motricidad y emoción respalda fuertemente que las dificultades en la coordinación del cuerpo tienen consecuencias psicoemocionales significativas en la infancia.
Luis Elías Llorens Director y fundador de Centro Llorens. Licenciado en Psicología y especializado en Lateralidad. Número de Colegiado: 22891.