«La comunicación asertiva nos evita los conflictos innecesarios»

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«La comunicación asertiva nos evita los conflictos innecesarios»

La comunicación asertiva es una habilidad que conviene dominar; sobre todo, en las situaciones conflictivas. Cuando la ponemos en práctica, provocamos un cambio de actitud en nuestro interlocutor que nos ayuda a conseguir nuestros objetivos y a aumentar nuestra autoestima. La psicóloga Ester Balsells nos da las claves para desarrollar este tipo de comunicación que mejora significativamente nuestras relaciones laborales, familiares y de pareja.

¿Qué significa comunicarse de forma asertiva?

La asertividad es la forma más eficaz y menos conflictiva de expresar lo que sentimos ante una situación. Comunicarse asertivamente significa poder expresar lo que estamos sintiendo y, al mismo tiempo, escuchar activamente al otro con empatía y respetando lo que nos tiene que comunicar.

¿Y cómo se consigue poner en práctica esta habilidad?

Las claves de este tipo de comunicación están en la expresión facial, el tipo de lenguaje que empleamos, el tono de voz, la postura corporal y la claridad.

Bien, empecemos por la expresión facial

Es muy importante que cuando nos estemos comunicando, nuestra expresión facial esté relajada y que tengamos un contacto visual directo con la otra persona. Esto le hará entender que la estamos escuchando activamente y que le estamos prestando toda nuestra atención.

La comunicación asertiva es una comunicación más integradora y acogedora, que invita al otro a ser parte de la solución, pero estableciendo los límites adecuados.

¿Cómo debe ser nuestro lenguaje?

Para conseguir una comunicación asertiva, el tipo de lenguaje que empleemos debe ser positivo, nunca amenazante, acusador, culpabilizador o agresivo. Antes de hablar, debemos pensar qué consecuencias puede tener el lenguaje que utilicemos y cómo nos gustaría que el otro se comunicara con nosotros. En el momento en que nos hacemos conscientes de esto, nuestro lenguaje cambia inmediatamente.

Al cambiar nuestro lenguaje, también cambiamos la actitud del otro

Exacto. Si queremos que la otra persona haga un cambio en algún aspecto porque hay algo que nos está molestando, en lugar de decirle “Esto que haces me molesta”, es mucho más eficaz enfocarnos en lo que nosotros necesitamos de esta persona. Por ejemplo, podríamos decirle: “Yo necesito que esto se haga de esta manera porque me hace sentir mejor, así que te pido que …”.

Es decir, se trata de cambiar la formulación negativa por una más positiva

Así es. De este modo, nos comunicamos sin culpabilizar al otro, teniéndolo en cuenta, pero manifestando nuestra necesidades. La comunicación asertiva es una comunicación más integradora y acogedora, que invita al otro a ser parte de la solución, pero estableciendo los límites adecuados.

¿Y el tono de voz?

Debe de ser calmado, que no transmita sentimientos belicosos, de confrontación.

Si la persona se sienta ligeramente inclinada hacia un lado en una entrevista de trabajo, denotará cierto rechazo, inseguridad o que no acaba de estar convencida de querer estar en ese momento en ese sitio.

¿Qué postura corporal deberíamos adoptar?

Una postura corporal asertiva es coherente con la comunicación verbal y no verbal. Es decir, si estamos rígidos, no transmitiremos la apertura propia de la comunicación asertiva, sino que estaremos poniendo un muro.

Como cuando cruzamos los brazos

Si, es muy habitual. Algunas personas, cuando hay un conflicto o se sienten agredidas, inconscientemente cruzan los brazos para protegerse. Al hacerlo, ya están transmitiendo un clima de amenaza que el otro también va a percibir. En cambio, una postura corporal abierta denota esa actitud de apertura hacia al otro que comentábamos que es imprescindible para que se produzca una comunicación asertiva. En las entrevistas de trabajo, por ejemplo, cuidar la postura corporal es fundamental.

¿Qué más deberíamos tener en cuenta en una entrevista de trabajo?

Además de no cruzar los brazos, si la persona se sienta ligeramente inclinada hacia un lado, denotará cierto rechazo, inseguridad o que no acaba de estar convencida de querer estar en ese momento en ese sitio. Del mismo modo, cuando las piernas miran hacia nuestro interlocutor, esta postura indica que tenemos un interés real en lo que nos están diciendo y que nos sentimos seguros de nuestro mensaje. La expresión facial y la postura corporal pueden transmitir más que nuestras palabras. Lo verbal es importante, pero si hay una incoherencia entre lo que decimos y la expresión facial y corporal, se produce una distorsión que confunde al otro y nos impide lograr nuestros objetivos. Entonces, es cuando se producen los malentendidos, conflictos, etc.

Las empresas que tienen una cultura de trabajo que no tiene en cuenta las necesidades de sus trabajadores pagan un alto coste en bajas laborales por ansiedad y depresión, fuga de talento y formación, debido a la rotación de personal.

¿En qué sentido es importante la claridad?

Para que a nuestro interlocutor le llegue correctamente la información que necesita obtener de nosotros, hay que evitar la ambigüedad. La otra persona no está en nuestra mente, no sabe lo que estamos pensando y lo que queremos transmitirle, por eso debemos procurar ser claros y concisos. No hay que dar nada por hecho. Si tenemos dudas sobre lo que nos está diciendo la otra persona o sobre sus intenciones, es mejor preguntar.

¿Hay algún elemento más que impida la comunicación asertiva?

Sí, cuando confundimos el problema con el otro.

¿Puedes explicarlo?

Sí, hay personas que trasladan las situaciones a lo personal. Esto impide la comunicación asertiva porque en lugar de hablar de lo que ocurre, se habla del otro como si él o ella fueran el problema o lo estuviésemos cuestionando. Es decir, al abordar una situación problemática, debemos ceñirnos a esa situación objetiva que está generando el conflicto. Por esta razón también hay que evitar utilizar palabras como “nunca”, “siempre”, “todo”, “nada”, etc. Todo esto implica un trabajo personal de gestión emocional, tanto en el ámbito laboral, como en el familiar, social y de pareja.

¿Cómo nos beneficia ser asertivos?

El mayor beneficio de todos es que la comunicación asertiva nos evita los conflictos innecesarios. Al mismo tiempo, mejoramos la calidad de nuestras relaciones interpersonales en todos los ámbitos. Asimismo, cuando somos asertivos, estamos potenciando nuestra autoestima porque sentimos que nos estamos respetando y controlando nuestra vida. Y todo esto está muy relacionado con el autoconocimiento: cuando nos conocemos a nosotros mismos, somos conscientes de nuestras necesidades. Por tanto, las podemos transmitir al otro de la forma adecuada, tomar mejores decisiones y ser capaces de establecer límites en lugar de ir cediendo hasta terminar agotados o con burnout.

La escucha activa no es esperar a que el otro termine de hablar para decirle lo que teníamos preparado decir de antemano.

En el ámbito laboral, a veces es complicado poner límites

Cierto, pero hay que tener claro que cuando uno va cediendo a las exigencias desmedidas de un jefe, acaba por quemarse. Las empresas que tienen una cultura de trabajo que no tiene en cuenta las necesidades de sus trabajadores pagan un alto coste en bajas laborales por ansiedad y depresión, fuga de talento y formación, debido a la rotación de personal. Por esto vuelvo a recalcar la importancia de aprender a poner límites de forma adecuada en lugar de ceder por miedo a las consecuencias. Es la forma más saludable de relacionarnos con un jefe, los compañeros de trabajo, la pareja, etc.

¿Puedes dar algunas pautas más para gestionar de forma asertiva los conflictos en el ámbito laboral?

Es muy eficaz suspender el juicio hasta que hablemos de forma asertiva con la persona con la que hay el conflicto. Por ejemplo, a veces damos por sentado que un compañero no está haciendo su trabajo porque es un jeta, pero quizá nos estamos equivocando en el juicio: puede ser que no haya entendido bien lo que se le ha pedido, que sea inseguro, que esté asumiendo más funciones de las que sabemos, que necesite ayuda, etc. Emplear la comunicación asertiva, preguntarle qué sucede y ofrecernos en lo que podamos ayudar puede obrar milagros.

Y nos evitaría los pensamientos rumiativos

Sí, en lugar de darle vueltas al conflicto y hacer una bola cada vez más grande, siempre será mucho más eficaz preguntar desde el respeto para no quedarnos con una idea errónea, y escuchar estando dispuestos a cambiar nuestra concepción de la situación mediante una conversación constructiva. La escucha activa no es esperar a que el otro termine de hablar para decirle lo que teníamos preparado decir de antemano. En las reuniones de trabajo esto también es muy habitual: cada uno está esperando poder soltar lo suyo sin atender a lo que los otros están expresando. Tenemos tanta necesidad de tener “la razón”, que dejamos de escuchar al otro y perdemos de vista el objetivo de la reunión. Competimos, en lugar de buscar el consenso para lograr un ambiente de trabajo más armónico y, por tanto, más productivo.

Aquí, el papel de los líderes es crucial

Sí, un buen líder sabe guiar estas situaciones y fomentar la comunicación asertiva en su organización. Ahora bien, esto exige trabajo, esfuerzo.

Si a pesar de ser asertivos el otro sigue sin respetar nuestra necesidades y límites, ¿cómo es saludable reaccionar?

Hay muchos estudios que demuestran que cuando practicamos la asertividad, el otro rebaja su tono y exigencia desmedida. No obstante, hay excepciones. Si a pesar de nuestro esfuerzo el otro sigue teniendo una comunicación agresiva, lo más saludable es seguir manteniendo nuestra actitud asertiva.

¿Puedes explicarlo?

Es lo que nos va a permitir protegernos y cuidarnos a nosotros mismos en una situación así: tener muy claro por qué estamos optando por una comunicación no agresiva como personas trabajadas que somos. Lo que no es saludable es entrar en un estilo de comunicación tóxico. Si la situación es realmente extrema, entonces hay que marcharse, apartarse de esa persona. Es decir, en cualquier caso hay que mantener las riendas sin permitir que el otro nos traslade o ejerza su agresividad. Esto es lo que no da el poder, en el sentido más positivo de la palabra.

Para terminar, ¿puedes dar algunas pautas para mejorar la comunicación entre padres e hijos?

Sí, voy a dar seis pautas que me parecen esenciales. La primera es que los padres no hagan comparaciones entre su hijo y otros niños u otros hermanos cuando quieren llamarle la atención sobre algo que debería cambiar o mejorar. Hacerlo solo consigue que el niño se sienta más inseguro y culpable. El segundo punto es la empatía: aunque casi todos los padres van desbordados, es muy importante que escuchen a sus hijos, que les pregunten qué les pasa y les den espacio para que se abran y poder entablar un diálogo sano. Los niños deben poder confiar en los padres. Tercer punto: cuando vamos a tomar una decisión que implica o afecta a los hijos, hay que pedirles su opinión: si estamos pensando en apuntarles a un casal, llevarles a terapia, etc. Deben saber que se les tiene en cuenta. Cuarto punto: reconocer los errores que cometemos como padres. Darles este ejemplo les va a servir durante toda su vida. El error existe, forma parte de la vida. Quinto punto: si les regañamos, empleemos la comunicación asertiva. Un padre que riñe abriendo mucho los ojos, subiendo el tono de voz y sin respetar el espacio vital mínimo que necesitamos las personas va a generarle al niño un gran miedo e inseguridad. Se puede ser muy firme con cariño. Y por último, actuar con coherencia. Los actos de los padres deben ser coherentes con los mensajes que envían a sus hijos.

Susana Lladó

Susana Lladó Comunicación

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