Integración sensorial y rendimiento escolar: lo que las familias deben saber

¿Qué es la integración sensorial?
La integración sensorial es el proceso mediante el cual el cerebro recibe, interpreta y
organiza los estímulos que llegan del cuerpo y del entorno a través de los sentidos. Esto
permite que podamos responder de forma adecuada a lo que pasa a nuestro alrededor.
Está comprobado que “la integración sensorial es esencial para que el cerebro reciba,
interprete y organice estímulos de los sentidos y del cuerpo, permitiendo así respuestas
adaptadas al entorno.”
Este proceso incluye los sentidos tradicionales (vista, oído, olfato, gusto, tacto), pero
también el sentido del equilibrio (vestibular) y el sentido de la posición y movimiento del
cuerpo (propiocepción).
Cuando este sistema funciona bien, los niños pueden moverse, prestar atención, aprender y
autorregularse de forma adecuada. Cuando no, aparecen dificultades.
¿Cómo afecta la integración sensorial al aprendizaje?
La integración sensorial influye directamente en varios aspectos clave del rendimiento
escolar:
- Atención y concentración: un niño con dificultades sensoriales puede distraerse fácilmente,
estar inquieto o desconectado. - Coordinación motora: la escritura, el uso de tijeras o incluso sentarse correctamente en
una silla requieren un buen procesamiento sensorial. - Organización espacial: ubicarse en el espacio, seguir líneas o escribir dentro de los
márgenes también depende de este sistema. - Regulación emocional: una mala integración sensorial puede hacer que el niño se frustre
con facilidad, esté irritable o ansioso.
Este hecho puede traducirse en problemas de coordinación motriz, atención o aprendizaje. Y
es que si el cuerpo no está bien regulado, la mente tampoco puede concentrarse ni
aprender de forma eficaz.
Lateralidad cruzada y procesamiento sensorial
Un aspecto poco conocido pero relevante es la lateralidad cruzada, que ocurre cuando un
niño no tiene una dominancia cerebral clara.
En el caso de la lateralidad cruzada puede existir una dificultad para establecer una
dominancia cerebral clara, lo cual podría afectar la eficiencia del procesamiento sensorial.
Esto puede reflejarse en problemas con la orientación espacial, la escritura o el aprendizaje
en general. De hecho, “un niño con lateralidad cruzada podría presentar también
alteraciones en la integración sensorial, lo que impacta en aspectos como la escritura o la
orientación espacial.”
¿Qué puede hacer una familia?
Actividades y movimiento para desarrollar la integración sensorial
El cuerpo necesita experiencias físicas variadas para desarrollar un buen procesamiento
sensorial. A lo largo de mi práctica he visto cómo actividades cotidianas pueden tener un
impacto positivo directo en la coordinación, atención y regulación de los niños.
Algunas de las más efectivas son:
- Juegos de movimiento: saltar, trepar, columpiarse o caminar sobre una línea trazada en el
suelo ayudan a mejorar el equilibrio (sistema vestibular) y la conciencia corporal
(propiocepción). - Desplazarse por diferentes superficies: caminar descalzo sobre césped, alfombras o
superficies irregulares estimula la planta del pie y mejora la percepción del cuerpo. - Actividades con presión y peso: empujar una caja llena, abrazos fuertes, juegos con cojines
grandes o enrollarse en mantas aportan estimulación propioceptiva, que ayuda a estimular
el sistema nervioso y mejorar la atención. - Juegos con las manos: usar plastilina, apretar pelotas antiestrés, pinzas de ropa, encajar
piezas o trasvasar objetos de un recipiente a otro desarrolla la motricidad fina y la
coordinación ojo-mano. - Ejercicios cruzados: como tocar con la mano derecha la rodilla izquierda y viceversa, cruzar
los brazos al saltar o pasar objetos de un lado al otro del cuerpo, ayudan a mejorar la
conexión entre ambos hemisferios cerebrales, favoreciendo una mejor organización
sensorial y dominancia lateral.
Estas actividades, integradas en el juego diario, son clave para reforzar el sistema sensorial
de forma natural. No requieren materiales complejos y pueden realizarse en casa con
facilidad. La constancia es más importante que la intensidad.
¿Y si hay muchas dificultades?
En estos casos, es recomendable consultar con un profesional especializado, como un
terapeuta, que pueda valorar si existe un trastorno del procesamiento sensorial.
La terapia de integración sensorial y de lateralidad ha demostrado ser útil en muchos casos.
Esta terapia puede contribuir a mejorar estas dificultades promoviendo una mejor
organización neurológica y sensorial.
Conclusión
La integración sensorial es la base invisible que sostiene muchas de las habilidades que los
niños necesitan para aprender: prestar atención, moverse con precisión, escribir,
organizarse y autorregularse.
Si notamos que algo no va bien, observar y ofrecer experiencias sensoriales adecuadas
puede marcar la diferencia. Y sobre todo, recordemos que cada niño es único. Pero cuando
entendemos cómo funciona su cuerpo y su sistema sensorial, podemos ofrecerle el apoyo
que necesita para desarrollarse y aprender con más confianza.
Luis Elías Llorens Director y fundador de Centro Llorens. Licenciado en Psicología y especializado en Lateralidad. Número de Colegiado: 22891.