Adicción a las redes sociales: en qué consiste la terapia

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Adicción a las redes sociales: en qué consiste la terapia

El potencial adictivo de las redes sociales

El principal motivo por el que las redes sociales crean adicción en algunas personas es porque promueven una alta interactividad, ya que requieren, y estimulan, la acción en el proceso de comunicación. Al incitar que la persona tenga que estar pendiente, generan una gran dependencia, tal como explicaba el psicólogo Luis Elias Llorens en la entrevista En la adicción a las redes sociales, el objetivo terapéutico no es cortar el uso.

Los niños y adolescentes son especialmente vulnerables

Los niños, adolescentes y jóvenes son especialmente vulnerables a desarrollar esta adicción, ya que son los que más horas pasan conectados a Internet y, además, creen que deben estar activos en las redes sociales para formar parte de su grupo de amigos, para sentirse integrados.

La adicción a las redes sociales actúa sobre la persona como cualquier otra adicción, a las drogas, alcohol, etc.: para mantener la satisfacción/tranquilidad que produce el consumo, cada vez se necesita hacer un consumo mayor y se sufre abstinencia

Algunos de ellos también utilizan estas plataformas para establecer contacto con otros grupos de personas y ampliar así su círculo de gente con la que comunicarse. «Son chicos que quizá no tienen muchos amigos o que, aunque los tengan, no se sienten a gusto con ellos y quieren conocer más gente. En otros casos, buscan la popularidad. Asocian el éxito a tener muchos contactos y presencia en las redes. Y aunque la imagen que transmiten sea falsa, necesitan proyectarla al exterior», afirma el especialista.

Adicción a las redes sociales: en qué consiste la terapia

Por otra parte, los smartphones han facilitado la adicción a las redes sociales. Antes, se accedía a ellas a través del ordenador, por lo que tenías que estar fijo en un sitio para disponer de conexión a Internet. Actualmente, los límites espaciotemporales han desaparecido con los teléfonos inteligentes, se pueden conectar cuando quieran y desde donde quieran. Muchos niños de nueve años ya tienen móvil, por lo que tienen acceso sin filtros a todo tipo de contenidos que pueden tener una influencia muy negativa en ellos. Pensemos que, normalmente, los niños de entre 9 y 12 años ya utilizan Tik Tok y YouTube, y que a partir de los trece, también utilizan Instagram. Algunos, incluso antes.

No se trata de que el paciente deje de utilizar las redes, ya que sabemos que este no sería un objetivo realista, y la terapia fracasaría. Se trata de reeducar para que el uso sea funcional, saludable

«Aunque no ocurre en todos los casos, también existe el peligro real de que entren en contacto con personas que no conocen y que no saben quiénes son en realidad. Esto es más frecuente en niñas que en niños. Quizá porque su realidad no es muy agradable en su día a día, establecen conexiones a través del móvil y las redes sociales con extraños que suelen ser más mayores o adultos. Son situaciones que pueden acabar mal y de las que hay que ser consciente», advierte Elias Llorens.

Síntomas de la adicción

Adicción a las redes sociales: en qué consiste la terapia

El uso de las redes sociales está normalizado en nuestra sociedad, por lo que no siempre es sencillo distinguir entre el uso y el abuso de estas plataformas. No obstante, hay algunos síntomas que están presentes cuando se ha desarrollado una adicción a las redes sociales:

    • Aislamiento del mundo real: amigos, familia, etc.
    • Abandono de intereses y actividades que anteriormente sí interesaban: aficiones, deportes, etc.
    • Incumplimiento de las obligaciones y normas establecidas por los padres: estudios, horarios de comida, etc.
    • Cambios continuos en el estado de ánimo
    • Irritabilidad
    • Ansiedad
    • Faltas de respeto a los padres y actitudes agresivas
    • Conflictos familiares
    • Disminución significativa del rendimiento escolar
    • Problemas de sueño (por conectarse antes de ir a dormir).
    • Están excesivamente pendientes de los nuevos modelos de dispositivos (diseños, aplicaciones, etc.).

Durante la terapia, es imprescindible trabajar tanto con el paciente como con la familia

Es importante saber que la adicción a las redes sociales actúa sobre la persona como cualquier otra adicción, a las drogas, alcohol, etc.: para mantener la satisfacción/tranquilidad que produce el consumo, cada vez se necesita hacer un consumo mayor y se sufre abstinencia (malestar psicológico que afecta al bienestar global) si no se puede consumir (en este caso, conectarse).

¿Cuáles son los objetivos de la terapia?

El objetivo terapéutico en la terapia para la adicción a las redes sociales es el mismo que para la adicción a los videojuegos y al teléfono móvil o Internet: conseguir un patrón de uso controlado. Es decir, no se trata de que el paciente deje de utilizar las redes, ya que sabemos que este no sería un objetivo realista, y la terapia fracasaría. Se trata de reeducar para que el uso sea funcional, saludable. «Solamente intervenimos de una manera distinta cuando los niños son muy pequeños, pero a partir de los once años, nos centramos en este uso controlado del smartphone o la tablet, que son los dispositivos con los que ellos se conectan a las redes», especifica el especialista.

La terapia para la adicción a las redes sociales

El trabajo con el paciente

Durante la terapia, es imprescindible trabajar tanto con el paciente como con la familia. Respecto al paciente, hay que analizar cuáles son las carencias emocionales que lo hacen vulnerable a la adicción y tratarlas psicológicamente teniendo en cuenta su personalidad y los conflictos que pueda estar viviendo. Puede haber un problema de autoestima, una dificultad para las relaciones interpersonales (en persona), un cuadro depresivo, problemas familiares, dificultad para enfrentarse a los problemas y a la frustración, etc. Todos estos factores requieren ir desarrollando durante las sesiones herramientas y habilidades personales.

Paralelamente, también hay que identificar las emociones y síntomas negativos que experimenta el paciente por hacer un mal uso de las redes. Por ejemplo, puede experimentar:

    • Cansancio, fatiga y/o dolor de cabeza por estar tanto tiempo conectado.
    • Mal humor: por haber visto algo publicado que no quería ver sobre él o sobre otra persona, por sentirse expuesto a causa del comentario de otra persona, por sentirse mal al compararse físicamente con otro usuario, etc.
    • Cambios de humor (por las mismas razones anteriores)
    • Falta de control sobre el comportamiento: irritabilidad, impulsividad y faltas de respeto que se manifiestan en su manera de contestar o reaccionar con insultos o malas conductas y en que saltan a la primera cuando se les llama la atención o se les exige que cumplan con su responsabilidad.
    • Disminución de la interacción social: tanto con los amigos como con la familia. A pesar de que las redes sociales fomentan la comunicación con su grupo de amigos, paradójicamente, se encierran mucho en sí mismos. En casa, apenas se comunican.
    • Cambios en los hábitos de sueño: muchos niños siguen conectados al móvil por la noche. La luz de las pantallas y los contenidos que miran y con los que interactúan los activan y desvelan.
    • Disminución del rendimiento escolar: la adicción a las redes sociales contribuye a su dispersión y disminuye su atención y dedicación al estudio.
Adicción a las redes sociales: en qué consiste la terapia

El trabajo conjunto con la familia

Para conseguir el uso controlado de las redes, hay que generar una serie de condiciones en el propio niño y en casa que lo favorezcan.

Aunque en cada caso la estrategia familiar que se establezca puede variar un poco, en general, las condiciones que ayudan a estructurar y a adquirir unos buenos hábitos son:

    • Establecer unos horarios de uso: el objetivo es reducir la exposición, de modo que el niño o adolescente debe asociar el uso de las redes a unos horarios determinados durante el día y la semana, y dejar el dispositivo fuera de su habitación cuando se vaya a dormir.
    • Definir estos horarios con antelación: de qué hora a qué hora podrá conectarse. Entresemana, este horario debe estar muy restringido y el niño deberá respetarlo. Los findes de semana, este horario podrá ampliarse.
    • Estudiar sin dispositivos encendidos alrededor.
    • Las redes sociales no deben perturbar los hábitos saludables: la hora de la comida y la cena en familia, por ejemplo.
    • El acceso al dispositivo electrónico debe ser en un lugar compartido, no cuando el niño está encerrado en su habitación: por ejemplo, cuando la familia está reunida en el salón.
    • Utilizar las propias herramientas de Internet para controlar el uso del dispositivo: las familias pueden recurrir a numerosas estrategias en este sentido, desde apagar el wi-fi durante unas horas concretas y poner contraseñas de acceso a los dispositivos, hasta utilizar aplicaciones que monitorizan cuántas veces ha entrado el niño en ciertas plataformas o mediante las cuales se puede programar cuándo desconectar automáticamente el dispositivo.
    • Especificar antes de que se conecte qué uso va a hacer del dispositivo: los padres deben poder hablar con sus hijos sobre qué páginas va a consultar y para qué. El niño debe explicar si se va a descargar un contenido de Internet, si va a entrar en una red social o va a consultar páginas para hacer un trabajo del colegio. En otras palabras, hay que evitar que el hecho de conectarse a Internet sea una puerta abierta a cualquier tipo de contenido, y hay que saber si va a hacer un uso lúdico o un uso para la escuela.
    • Internet y las redes sociales no deben utilizarse para «matar el tiempo», porque el niño está aburrido o como forma de superar malos momentos. Esto solamente refuerza negativamente el uso del teléfono móvil, automatizando una respuesta que evita hacer frente a las situaciones que desagradan.
    • Las actividades de ocio que se planifiquen deben ser totalmente incompatibles con estar conectado a Internet, deben realizarse en entornos en los que no haya conexión o se pueda evitar que se conecte.
    • Durante todo el tratamiento, los padres deben hacer un esfuerzo por estructurar de manera muy detallada el planing semanal de su hijo/a: qué días va a clase extraescolar de ajedrez, robótica o inglés, qué días va a judo o a natación, qué se hará el fin de semana, etc.

«El trabajo psicoterapéutico que realizamos con el niño y el hecho de que en casa se refuerce este trabajo estableciendo horarios muy bien delimitados y estructurando las actividades por horas y días es lo que permite que el niño o adolescente vuelva a coger buenos hábitos, que vaya dedicando más tiempo a otras actividades más sanas que son indispensables para su buen desarrollo: la comunicación presencial, la interrelación en la vida real con los amigos, las actividades al aire libre, la práctica de deportes y aficiones, el estudio, etc.», concluye el psicólogo.

Susana Lladó

Susana Lladó Comunicación

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