Tipos de lateralidad: clasificación y cómo influyen en el aprendizaje y el desarrollo

imagen representando los tipos de lateralidad cruzada

¿Por qué es importante entender los tipos de lateralidad?

En la práctica clínica, la lateralidad no se evalúa únicamente como una preferencia por usar una mano u otra. Se entiende como parte de la organización funcional del sistema nervioso, especialmente en lo que respecta a cómo el cerebro procesa la información y coordina la acción.

Una lateralización relativamente coherente puede facilitar la automatización de ciertas habilidades y una mayor eficiencia en tareas que requieren coordinación entre percepción y movimiento. Por el contrario, algunas formas de organización lateral pueden implicar que determinados procesos requieran más esfuerzo o tiempo de ejecución.

Comprender los distintos tipos de lateralidad ayuda a interpretar mejor ciertas dificultades en niños y adultos, siempre dentro de una evaluación global y sin atribuir una única causa a todos los problemas.

Lateralidad homogénea (diestro o zurdo puro)

La lateralidad homogénea se refiere a aquellos casos en los que las principales dominancias (mano, ojo, pie y oído) se sitúan en el mismo lado del cuerpo. Es decir, existe una coherencia funcional entre los diferentes sistemas.

Desde un punto de vista neurofuncional, esta organización suele facilitar la coordinación entre la entrada de información sensorial y la respuesta motora. Esto puede favorecer que determinadas tareas se automaticen con mayor facilidad, especialmente aquellas que implican integración viso-motora, como la lectura o la escritura.

En personas diestras, el hemisferio izquierdo suele tener un papel predominante en muchas funciones, mientras que en personas zurdas esta organización puede ser diferente o más variable. En cualquier caso, lo importante no es el lado en sí, sino la coherencia en la organización.

Esta coherencia funcional puede contribuir a una mayor fluidez en la ejecución de tareas y a una menor necesidad de supervisión consciente de procesos que, con el desarrollo, tienden a automatizarse.

En términos generales, cuando el sistema nervioso encuentra una organización estable, el individuo puede centrar más recursos en el contenido de la tarea (comprender, razonar, decidir) y menos en el proceso (cómo coordinar el cuerpo para ejecutarla).

Lateralidad cruzada

La lateralidad cruzada se produce cuando las dominancias no están alineadas en el mismo lado del cuerpo. Un ejemplo frecuente es la lateralidad óculo-manual cruzada, en la que la mano dominante y el ojo dominante pertenecen a lados distintos.

Si te preguntas qué es la lateralidad cruzada, es importante entender que esta organización puede implicar que, en determinadas tareas, especialmente aquellas que requieren coordinación entre visión y movimiento, el sistema nervioso tenga que integrar información entre diferentes circuitos de forma más compleja.

En este sentido, algunos autores dentro del ámbito de la psicomotricidad y la neuropsicología han señalado que esta transferencia de información puede requerir más tiempo de procesamiento en ciertos casos. Sin embargo, es importante destacar que esto no ocurre en todas las personas ni en todas las situaciones.

En el aprendizaje de la lectura y la escritura, algunas dificultades como inversiones de letras o problemas de orientación espacial pueden aparecer en ciertos perfiles con lateralidad cruzada, aunque no son exclusivas de esta condición ni permiten establecer un diagnóstico por sí solas. Un test de lateralidad puede ser útil para identificar si la lateralidad cruzada está contribuyendo a estas dificultades.

Desde una perspectiva funcional, lo relevante no es tanto la existencia de lateralidad cruzada, sino el grado en que esta organización está integrada. Hay personas con lateralidad cruzada que no presentan dificultades significativas, mientras que en otros casos puede formar parte de un perfil más amplio que requiere intervención.

Por tanto, la lateralidad cruzada no debe entenderse como un problema en sí mismo, sino como una forma de organización que, en algunos casos, puede estar asociada a un mayor esfuerzo en determinadas tareas.

Lateralidad no definida

La lateralidad no definida hace referencia a una ausencia de predominancia clara de un lado sobre el otro. En estos casos, el individuo puede alternar el uso de mano, ojo o pie sin una preferencia estable.

Desde el punto de vista del desarrollo, esto puede indicar que el proceso de lateralización no se ha consolidado completamente. Esta falta de definición puede influir en la construcción del esquema corporal y en la organización espacial.

Algunas personas con este tipo de lateralidad pueden mostrar dificultades en tareas que requieren referencia lateral clara, como diferenciar derecha e izquierda, organizarse en el espacio o seguir secuencias. También pueden aparecer problemas en la automatización de habilidades, ya que el sistema no dispone de un patrón estable sobre el que apoyarse.

En términos atencionales, la ausencia de un eje dominante puede dificultar la priorización de estímulos en determinadas situaciones, lo que puede generar sensación de saturación o dispersión.

No obstante, es importante señalar que estas características no aparecen en todos los casos y deben interpretarse dentro de un contexto más amplio de evaluación.

Algunos niños pueden mostrar dificultades en tareas que requieren referencia lateral clara, por lo que la terapia de lateralidad para niños puede ser útil para facilitar su desarrollo.

Lateralidad contrariada o mal afianzada

La lateralidad contrariada se produce cuando existe una predisposición biológica hacia un lado, pero esta ha sido modificada por factores externos, como presiones educativas o hábitos adquiridos.

Históricamente, esto se observaba con frecuencia en personas zurdas a las que se obligaba a utilizar la mano derecha. En la actualidad, también puede aparecer en contextos donde se inicia el aprendizaje de la lectoescritura antes de que la lateralidad esté suficientemente consolidada.

En estos casos, puede existir una cierta falta de coherencia entre la organización interna del sistema nervioso y la conducta observable. Esto puede generar un mayor esfuerzo en tareas motoras finas, como la escritura, o en actividades que requieren precisión.

Algunos estudios clásicos, como los de Orton, han explorado la relación entre lateralidad y lenguaje, sugiriendo que ciertas dificultades en la organización lateral pueden estar asociadas a problemas en la fluidez verbal en determinados casos. Sin embargo, estas relaciones son complejas y no pueden generalizarse a toda la población.

Desde una perspectiva clínica, lo más relevante es identificar si existe una discrepancia entre la dominancia natural y la utilizada, y valorar cómo puede estar influyendo en el rendimiento o en el bienestar del individuo.

Diferencias en la lateralidad cruzada: niños y adultos

La lateralidad no es un estado fijo, sino un proceso que se desarrolla a lo largo del tiempo. Por este motivo, su manifestación puede variar en función de la etapa evolutiva.

Durante la infancia, especialmente entre los 5 y los 8 años, el sistema nervioso atraviesa un periodo clave en la consolidación de la lateralidad. En esta etapa, una organización lateral poco definida o poco integrada puede influir en la adquisición de habilidades como la lectura, la escritura o el cálculo, que requieren una base espacial y secuencial sólida.

En algunos casos, los niños pueden presentar dificultades en estos aprendizajes, así como una mayor fatiga en tareas escolares. Esto puede llevar a interpretaciones erróneas si no se tienen en cuenta todos los factores implicados.

En la edad adulta, muchas personas han desarrollado estrategias de compensación que les permiten funcionar con normalidad en la mayoría de contextos. Sin embargo, en situaciones de alta exigencia, pueden aparecer dificultades relacionadas con la organización, la orientación o la gestión del esfuerzo cognitivo, por lo que pueden beneficiarse de la terapia de lateralidad para adultos para mejorar la coordinación en tareas exigentes..

Algunos adultos describen una sensación de cansancio mental superior al esperado o dificultades en tareas que requieren rapidez y precisión. Estas experiencias pueden estar relacionadas con múltiples factores, entre ellos la organización lateral, pero siempre deben analizarse de forma individual.

Desde la neuropsicología, se plantea que ciertas dificultades en la organización cerebral no desaparecen con la edad, sino que pueden manifestarse de formas diferentes a lo largo del desarrollo.

No todos los tipos de lateralidad tienen el mismo impacto

La lateralidad es un proceso complejo que forma parte del desarrollo del sistema nervioso. Existen diferentes tipos de organización lateral, y cada uno de ellos puede influir de forma distinta en el aprendizaje y en el funcionamiento diario.

Es importante evitar interpretaciones simplistas. Ningún tipo de lateralidad, por sí solo, explica todas las dificultades de una persona. Sin embargo, en algunos casos, puede ser un factor relevante dentro de un perfil más amplio.

Por ello, la clave no está en etiquetar, sino en evaluar de forma individualizada y comprender cómo funciona cada persona. A partir de ahí, se pueden plantear intervenciones ajustadas que favorezcan una mayor eficiencia y bienestar.

Luis Elías Llorens

Luis Elías Llorens Director y fundador de Centro Llorens. Licenciado en Psicología y especializado en Lateralidad. Número de Colegiado: 22891. Las especialidades de Luis Elías Llorens, son: Máster en Psicología Aplicada al Deporte / Máster en Psicología General Sanitaria / Formado en Lateralidad por Joëlle Guitart Baudot / Formación Dr. María del Mar Ferré: Lateralidad infantil y sus repercusiones en el aprendizaje / 10 años de experiencia en Lateralidad

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