• Susana Lladó

«La terapia de acoso escolar también debe recuperar la identidad de la persona»



La terapia de acoso escolar requiere trabajar no solo con la víctima, sino también con todo su entorno. En esta entrevista, el psicólogo Luis Elías Llorens nos explica por qué, cómo se lleva a cabo el procedimiento de intervención, cuáles son las repercusiones del acoso escolar o bullying en un niño o adolescente, y cómo se trabajan estos síntomas en terapia.

¿Cuáles son los aspectos fundamentales que se tratan en una terapia de acoso escolar?

Todos aquellos síntomas que suelen presentarse cuando una persona ha sufrido o está sufriendo acoso escolar: el miedo, la ansiedad, la depresión, el posible trastorno de estrés postraumático ̶ el cual tiene repercusiones en distintos ámbitos de la vida de la persona, como el rendimiento académico, el desarrollo profesional y las relaciones sociales ̶, la dificultad para concentrarse, el estrés crónico, trastornos del sueño, conductas de autolesión…


Detengámonos un momento en las conductas de autolesión. ¿Puedes poner un ejemplo?

Las conductas de autolesión constituyen una forma dañina de enfrentar y procesar las emociones cuando no se tienen los recursos para hacerlo de una forma saludable. La persona puede cortarse con un objeto afilado, arrancarse el pelo, etc.


Bien, sigamos con las consecuencias del acoso escolar que trabajáis en terapia

La persona puede haber desarrollado fobia a la escuela, es habitual que haya un deterioro de la autoestima, problemas psicosomáticos, repercusiones en el desarrollo de la personalidad, como irritabilidad, explosividad, etc.; conductas regresivas y, en última instancia, ideas o intentos de suicidio.


«Generalmente, cuando los padres o los profesores detectan un comportamiento anómalo en el niño, este ya lleva tiempo experimentando un gran sufrimiento, por lo que llega a terapia con una gran sintomatología psicológica».

¿A qué te refieres con ‘conductas regresivas’?

A pacientes que, por ejemplo, ya están entrando en la adolescencia ̶ es decir, que ya habían hecho una evolución madurativa y de desarrollo ̶ y que vuelven a tener conductas más infantiles que habían dejado atrás hace un año o más.


¿Cómo se puede detectar que un niño o adolescente está sufriendo acoso escolar o bullying?

Hay señales de acoso escolar que deberían hacernos saltar las alarmas: el niño rechaza ir al colegio, tiene faltas reiteradas de asistencia a la escuela que antes no tenía, presenta cambios de comportamiento, de pronto evita ir a sitios a los que habitualmente iba, disminuye su rendimiento escolar, se produce un cambio en su estado emocional y deja de frecuentar a sus amigos.


Háblanos de los cambios emocionales

Es uno de los síntomas más importantes, al que debemos prestar mucha atención. El niño se deprime, llora, después está alegre, luego pasa a estar irritable…Hay una inestabilidad emocional que no tiene ninguna lógica aparente, pero que, evidentemente, tiene una causa y explicación.


También decías que se deja de ver a los amigos

Sí, la persona se aísla, deja de ir con los amigos con los que salía, no se comunica, se vuelve callada, se encierra en sí misma.


«El primer aspecto que trabajamos es lo que denominamos la gestión del drama: hablar, recordar y revivir la situación vivida o que se está viviendo. Es fundamental que el paciente ponga nombre a ciertas cosas y situaciones a las que en su momento no pudo ponérselo».

¿Cuál es el principal objetivo de la terapia de acoso escolar?

Generalmente, cuando los padres o los profesores detectan un comportamiento anómalo en el niño, este ya lleva tiempo experimentando un gran sufrimiento, por lo que llega a terapia con una gran sintomatología psicológica. Por esta razón, la terapia de acoso escolar no solo se centra en la gestión de todas estas emociones negativas, sino en recuperar la identidad de la persona.


Supongo que empezar la terapia cuanto antes es fundamental

La intervención debe ser temprana. Cuanto antes se empiece, obviamente, todo el proceso de recuperación será menos complejo. Y es importante que en el tratamiento se impliquen los padres, maestros y compañeros amigos de la víctima; sobre todo, cuando el paciente es menor de edad. Dependiendo del caso, también será aconsejable trabajar en colaboración con el pediatra, los psicólogos del colegio, etc. Es decir, la terapia de acoso escolar nunca se lleva a cabo únicamente con el niño porque necesitamos crear una serie de refuerzos y realizar otra serie de intervenciones en y con todo su entorno.


Profundicemos en los aspectos que se trabajan en terapia

Tras realizar el test de evaluación de acoso escolar, el primer aspecto que trabajamos es lo que denominamos la gestión del drama: hablar, recordar y revivir la situación vivida o que se está viviendo. Es fundamental que el paciente ponga nombre a ciertas cosas y situaciones a las que en su momento no pudo ponérselo. Hay que ver las diferentes perspectivas posibles desde las que se puede abordar lo sucedido para relativizar las situaciones vividas o para extraer un aprendizaje positivo de ellas, ya que siempre hay alguno. Y, sobre todo, no hacer una proyección general de su experiencia.


¿A qué te refieres?

Todos los pacientes tienden a pensar que como han tenido o tienen compañeros crueles, todos lo son.


«Una persona que ha sufrido o sufre acoso escolar o bullying siempre preferirá las situaciones en las que no se requiera interactuar».

Bien, sigamos ahondando en la terapia

El segundo aspecto es el tratamiento para la ansiedad y la depresión. Se fomentan actividades que tengan interés para el paciente con el objetivo de que entre en contacto con situaciones positivas y salga de su apatía. También se introduce el deporte, técnicas de relajación, etc. Y paralelamente, hay que trabajar en el fortalecimiento de la autoestima y la seguridad en uno mismo.


¿Cómo reforzáis la autoestima?

Una forma muy eficaz es abordar diferentes situaciones que ha vivido la persona, o decisiones que ha tomado o que tiene que tomar, apoyándonos en experiencias buenas, que ha gestionado bien con anterioridad. Asimismo, hay que trabajar las habilidades sociales, las cuales han quedado completamente afectadas por el acoso.


¿Cómo trabajáis las relaciones sociales?

Una persona que ha sufrido o sufre acoso escolar o bullying siempre preferirá las situaciones en las que no se requiera interactuar. No es que deje de ser social, sino que deja de socializar o tiene un gran miedo a entrar en contacto con entornos nuevos o nuevas experiencias que impliquen socialización. Este miedo puede determinar su futuro profesional, por ejemplo. Quizá desestime una oferta laboral porque entre sus responsabilidades haya algunas que requieren interactuar directamente con otras personas. Por este motivo, también trabajamos en la mejora de las capacidades comunicativas: la asertividad, cómo ser uno mismo sin actuar con miedo, etc. Y por último, trabajamos la gestión de la inteligencia emocional: saber leer la intencionalidad del otro, si lo que me está diciendo contiene ironía o no, si estoy siendo o no atacado, cómo reaccionar ante diferentes situaciones, etc.


No siempre debe ser fácil llegar al sufrimiento del niño o adolescente

Muchos niños, cuando se les pregunta cómo están, responden «Todo bien», hasta que vas profundizando y tirando del hilo. Entonces, empieza a salir el llanto porque quizá han tenido una pesadilla o un recuerdo. Es decir, empiezan a sacar las emociones. Y esto es muy positivo, entre otras razones porque le pueden poner nombre a esas emociones que hasta entonces no habían podido ni siquiera nombrar.


«El que ejerce el bullying se alimenta del refuerzo que proviene de la admiración o la pasividad el entorno. Si cortas estas conductas o estas se convierten en una actitud clara de rechazo, el agresor deja de obtener ese reconocimiento que lo nutre y ya no ve ninguna ventaja en seguir agrediendo a la víctima».

Como psicólogo especialista en acoso escolar, ¿crees que es aconsejable cambiar de colegio a un niño que está sufriendo acoso?

Esta decisión va en función de diferentes factores: de la gravedad del caso, de las herramientas que tenga la escuela, de si los protocolos se están implementando con eficacia, etc. Yo tengo pacientes a los que sí se les ha tenido que cambiar de colegio y otros a los que no porque las reuniones con el tutor y la familia han sido muy positivas. No obstante, es cierto que algunos profesores intentan minimizar lo que está ocurriendo, le restan importancia como si lo que explican los padres o el propio niño fuera exagerado.


¿Cómo gestionáis en el centro estas situaciones? ¿Cuál es el procedimiento?

Normalmente, lo que hacemos es dejar transcurrir un mes o mes y medio desde la reunión con los padres y el colegio: un tiempo en el que el profesor se compromete a estar atento a lo que sucede y a hablar con los niños que están ejerciendo la violencia. Transcurrido este tiempo, nos reunimos con los padres para que nos informen de si la situación ha cambiado. Si no es así, se da un ultimátum a la escuela. Entonces es cuando el profesor y el jefe de estudios hablan con los padres de los niños que están ejerciendo el acoso. Este es el momento de inflexión, el punto en el que o se da un buen afrontamiento de la situación y se resuelve, o se complica de forma exponencial. Lo habitual es que se dé la primera de las situaciones, pero, desgraciadamente, no siempre es así. En estos casos, hay dos opciones: una, activar el protocolo de la Generalitat, que dura varios meses y que a mi juicio incluye medidas poco eficaces; la segunda es hacer un cambio de colegio.


¿Cuáles serían las medidas eficaces, a tu juicio?

En otros países, como los del norte de Europa, se trabaja con la clase, a nivel preventivo. Y cuando hay un caso de acoso escolar, se trabaja en el colegio con los reforzadores de la conducta del agresor, no directamente con este o con la víctima. Estos reforzadores suelen ser las 30-35 personas que están viendo el acoso.


¿Por qué se trabaja con los que presencian el acoso?

Porque el que ejerce el bullying se alimenta del refuerzo que proviene de la admiración o la pasividad el entorno. Si cortas estas conductas o estas se convierten en una actitud clara de rechazo, el agresor deja de obtener ese reconocimiento que lo nutre y ya no ve ninguna ventaja en seguir agrediendo a la víctima.




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