• Susana Lladó

¿Cómo se trabaja la motricidad en terapia?



¿Qué es la motricidad?

La motricidad se define como la capacidad de producir movimientos, o como el dominio que una persona puede ejercer sobre su propio cuerpo.


Se trata de una capacidad que el niño va desarrollando durante su infancia a medida que descubre e interactúa con el medio que lo rodea, e implica contracción muscular, coordinación, equilibrio y espontaneidad.


Para que un niño pueda llegar a dominar el movimiento y otras habilidades que son imprescindibles en la adquisición de los aprendizajes escolares es necesario que tenga un buen desarrollo de su motricidad. Vamos a ver por qué.



La relación entre la motricidad y el desarrollo global del niño

La motricidad no solamente posibilita que el niño descubra su propio cuerpo, interactúe con el mundo externo, adquiera el movimiento y la organización espaciotemporal, y aprenda a desplazarse y a manipular objetos: la expresión de las emociones, la organización del pensamiento y la capacidad de aprender y afrontar problemas también están estrechamente ligadas a la acción corporal. Citando a Mesonero (1994): «La educación motriz es una educación del ser completo, ya que asocia estrechamente la consciencia a la acción. Es esta acción la que permite al niño explorar su medio, posibilitando la apropiación de la información, de donde surgirá la significación, la conservación y la organización de la información cerebral».


Respecto a la comunicación y la organización del pensamiento, podríamos decir que el lenguaje es al adulto lo que el movimiento y el cuerpo es al niño, en palabras de Aucouturier y Mendel (2004).


Como explica el psicólogo Luis Elías Llorens, el pensamiento, la relación con el entorno y el movimiento ̶ incluyendo el equilibrio ̶ son tres aspectos que están interrelacionados, conforman una unidad. Si falla uno de estos aspectos, los otros dos quedan afectados.


Cuando hay un retraso en el desarrollo motor, el niño pierde autonomía y, por tanto, confianza en sí mismo. Esta pérdida de seguridad repercute en su bienestar emocional y en su rendimiento escolar. Por tanto, habrá que trabajar en todos estos aspectos que, como hemos visto, están interrelacionados. Pensemos que el autoconcepto, al igual que la autoestima, se forma durante los primeros años de vida. La imagen que uno tiene de sí mismo y la confianza en lo que uno es capaz de lograr se van construyendo durante esta etapa. Si lo que concluimos al respecto es negativo, nuestra autoestima será baja, y nuestras emociones tenderán a ser negativas.


¿Cómo se trabaja la motricidad en terapia? El papel del juego


Ahora bien, ¿por qué se trabaja la motricidad o el movimiento a través del juego?


Lo primero que deberíamos decir es que el movimiento se trabaja a través de ejercicios y actividades que el niño percibe como juegos. No obstante, estos juegos no están escogidos al azar, sino que están diseñados para desarrollar los aspectos concretos que necesita trabajar cada paciente.


Es esencial que el niño viva estos ejercicios como un juego porque los niños experimentan el aprendizaje a través del cuerpo, de la acción, del movimiento. El psicólogo Jean Piaget: decía: «La acción es el motor del conocimiento, y el niño no conoce sino actuando, y nuestras más elaboradas construcciones internas no son sino acciones interiorizadas». A su vez, el primer aprendizaje que tiene que adquirir un niño es el corporal. Es decir, es precisamente mediante el juego como un niño se construye a sí mismo, construye su entorno y su realidad, y va ajustando todos estos aprendizajes. Sin experimentación, no hay desarrollo de la motricidad.


Además, el juego le proporciona al niño el entorno lúdico necesario para sentir la confianza que necesita para experimentar. Una confianza que en un espacio de terapia se ve acrecentada por la seguridad que le brinda el terapeuta. A medida que el paciente va aumentado su seguridad al comprobar sus progresos, también lo hará su autoconcepto, su autoestima, su madurez emocional y su autonomía personal.


Otro aspecto interesante a tener en cuenta en la relación entre el juego y el desarrollo de la motricidad es que es más fácil retener y consolidar un aprendizaje cuando este va asociado a una emoción. Y las emociones se producen con más facilidad cuando aprendemos vivencialmente, mediante la acción y el movimiento.


Por otra parte, sabemos que cuando un niño tiene un buen control sobre su cuerpo también tiene un mayor control sobre los procesos de atención, concentración y comprensión; procesos que son fundamentales para cualquier aprendizaje.


Actualmente, muchos niños van acumulando retraso motor a causa del estilo de vida sedentario que llevan. «Cada vez vemos más niños en terapia que en lugar de hacer ejercicio y practicar deporte dedican su tiempo de ocio a los dispositivos digitales, lo cual impide que desarrollen correctamente su motricidad. No obstante, las consecuencias de esta infancia pasiva se pueden revertir si mejoramos su movimiento con ejercicios específicos que nos permiten trabajar simultáneamente las habilidades cognitivas, lingüísticas, emocionales y sociales», explica Elías Llorens.




Fuentes:

Importancia de la motricidad en el aprendizaje de los contenidos curriculares del segundo ciclo de Educación Infantil, de Laura Cano.

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