Causas de la lateralidad cruzada: ¿por qué ocurre?

Causas de la lateralidad cruzada: ¿por qué ocurre?

Cuando una familia descubre el concepto de lateralidad cruzada, una de las primeras preguntas que suele surgir es: ¿por qué ocurre?

Es una duda lógica. Si un niño presenta dificultades relacionadas con la lectura, la escritura, la coordinación o la orientación espacial, es normal querer encontrar una explicación clara. Sin embargo, la realidad es que la lateralidad es un fenómeno complejo y no puede atribuirse a una única causa.

Actualmente sabemos que la lateralidad es el resultado de un proceso evolutivo que comienza antes del nacimiento y continúa desarrollándose durante los primeros años de vida. En este recorrido intervienen factores biológicos, neurológicos, genéticos y ambientales que interactúan entre sí de forma dinámica.

Por eso, cuando hablamos de lateralidad cruzada, lateralidad no definida o dificultades de organización lateral, no estamos ante una condición que aparezca por una única razón. Más bien hablamos de una combinación de factores que pueden influir en cómo el sistema nervioso organiza las funciones relacionadas con la mano, el ojo, el oído y el pie dominantes.

Comprender estas posibles causas ayuda a las familias a interpretar la lateralidad desde una perspectiva más amplia y realista, alejándose de explicaciones simplistas o de la búsqueda de culpables.

La lateralidad es el resultado de un proceso de maduración

La lateralidad no surge de un día para otro. Se construye progresivamente a medida que el niño explora el entorno, se mueve, juega, manipula objetos y desarrolla nuevas habilidades motoras y cognitivas.

Durante los primeros años de vida, el sistema nervioso va organizando poco a poco las preferencias funcionales de cada lado del cuerpo. Esta especialización permite que determinadas acciones se vuelvan más rápidas, precisas y eficientes.

En la mayoría de los niños, este proceso acaba consolidándose de forma relativamente estable entre los 5 y los 7 años. Sin embargo, la velocidad y la forma en que se produce esta organización pueden variar de una persona a otra.

Por este motivo, no todos los niños desarrollan exactamente el mismo patrón lateral ni lo hacen al mismo ritmo.

Factores neurológicos y del neurodesarrollo

Uno de los elementos más importantes en la construcción de la lateralidad es la maduración del sistema nervioso.

El cerebro humano funciona mediante redes altamente especializadas que permiten coordinar la percepción, el movimiento, la orientación espacial y el aprendizaje. A medida que estas redes maduran, el niño va consolidando una preferencia funcional por determinadas partes del cuerpo.

Desde esta perspectiva, la lateralidad puede entenderse como una manifestación visible de procesos neurofuncionales más amplios relacionados con la organización cerebral y corporal.

Además, la lateralidad no se desarrolla de forma aislada. Evoluciona paralelamente a otras funciones fundamentales como:

  • el esquema corporal;
  • la coordinación motriz;
  • el equilibrio;
  • la orientación espacial;
  • la integración sensorial;
  • la planificación motora.

Por ello, cuando existen inmadureces en alguna de estas áreas, en algunos niños también pueden observarse dificultades en la consolidación de una lateralidad estable.

Esto no significa que exista una enfermedad ni una lesión. En muchos casos simplemente refleja una forma distinta o más lenta de organizar determinadas funciones del desarrollo.

Cuando estas dificultades interfieren en el aprendizaje, la coordinación o la orientación espacial, puede ser útil valorar una terapia de lateralidad para niños adaptada al perfil madurativo de cada caso.

Influencia genética: ¿la lateralidad cruzada se hereda?

Muchas familias preguntan si la lateralidad cruzada puede heredarse.

La investigación actual sugiere que la genética sí participa en el desarrollo de la lateralidad, aunque de una forma mucho más compleja de lo que se pensaba hace años.

No existe un único «gen de la lateralidad». Lo que parece ocurrir es que numerosos factores genéticos pueden influir en la forma en que el sistema nervioso organiza las preferencias laterales.

Por este motivo, es relativamente frecuente encontrar antecedentes familiares relacionados con la zurdera, la lateralidad cruzada o ciertas dificultades de orientación y coordinación.

Sin embargo, la herencia no determina completamente el resultado final. Dos hermanos pueden compartir una predisposición genética similar y desarrollar organizaciones laterales diferentes. Del mismo modo, un niño puede presentar lateralidad cruzada sin que exista ningún antecedente familiar conocido.

Por tanto, la genética puede influir, pero no explica por sí sola la aparición de una lateralidad cruzada.

La importancia del movimiento durante la infancia

Si la genética aporta una base biológica, la experiencia aporta el entrenamiento.

El desarrollo motor desempeña un papel muy relevante en la construcción de la lateralidad. Cada vez que un bebé se desplaza, gatea, manipula objetos o explora el espacio, está proporcionando información valiosa a su sistema nervioso.

A través del movimiento, el cerebro aprende a diferenciar derecha e izquierda, organiza el esquema corporal y mejora la coordinación entre ambos lados del cuerpo.

Por esta razón, numerosos autores han destacado la importancia de las experiencias motrices en los primeros años del desarrollo.

Es importante aclarar que la falta de determinadas experiencias motrices no provoca automáticamente una lateralidad cruzada. La relación no es tan simple. Sin embargo, algunos profesionales consideran que un entorno con pocas oportunidades de movimiento, exploración y coordinación podría dificultar la consolidación de ciertas habilidades relacionadas con la organización corporal y espacial.

El papel del gateo y los movimientos cruzados

Dentro del desarrollo motor, uno de los aspectos que más interés ha despertado es el papel de los movimientos cruzados.

Cuando un bebé gatea, coordina simultáneamente ambos lados del cuerpo. La mano derecha trabaja junto a la rodilla izquierda y viceversa. Este patrón obliga a una intensa coordinación corporal y favorece la integración de diferentes sistemas motores y sensoriales.

Por este motivo, el gateo suele considerarse una experiencia especialmente enriquecedora para el desarrollo global.

Ahora bien, conviene ser prudentes. No todos los niños que gatean desarrollan una lateralidad homogénea y no todos los niños que no gatean presentan dificultades posteriores. La evidencia científica actual no permite afirmar una relación directa y universal.

Lo que sí parece razonable es considerar que las oportunidades de movimiento, juego activo y exploración corporal constituyen factores positivos para el desarrollo neuromotor general.

La presión externa y la lateralidad contrariada

Históricamente, muchas personas zurdas fueron obligadas a utilizar la mano derecha para escribir o realizar actividades cotidianas.

Afortunadamente, esta práctica es cada vez menos frecuente, pero todavía encontramos adultos que crecieron bajo este tipo de presión. En algunos casos, una terapia de lateralidad para adultos puede ayudar a comprender mejor cómo se organizó esa dominancia y si todavía influye en determinadas dificultades funcionales.

Cuando una dominancia espontánea es modificada de forma artificial, algunos autores utilizan el término lateralidad contrariada.

En estos casos, el objetivo no es determinar si existe un problema inevitable, sino comprender cómo ha evolucionado la organización lateral de la persona y si esta situación puede estar relacionada con determinadas dificultades funcionales.

Actualmente existe un amplio consenso en que no debe forzarse a un niño a cambiar su mano dominante salvo situaciones médicas muy concretas. Respetar la dominancia espontánea suele considerarse la opción más adecuada para favorecer un desarrollo natural y eficiente.

La lateralidad cruzada rara vez tiene una única explicación

Uno de los errores más frecuentes es intentar encontrar una causa única.

La experiencia clínica muestra que la realidad suele ser bastante más compleja. En algunos niños puede existir una mayor influencia genética. En otros, pueden observarse factores relacionados con la maduración neurológica, el desarrollo psicomotor o determinadas experiencias evolutivas. Y en muchos casos probablemente intervengan varios elementos al mismo tiempo.

Por ello, cuando hablamos de lateralidad cruzada, resulta más útil pensar en un conjunto de factores asociados que en una única causa responsable. Este enfoque permite comprender mejor la diversidad de perfiles que encontramos en consulta y evita interpretaciones simplistas que rara vez reflejan la realidad del desarrollo infantil.

Comprender las causas ayuda a comprender mejor al niño

Con frecuencia, el mayor beneficio de conocer estos factores no es encontrar una explicación definitiva, sino cambiar la forma de interpretar determinadas dificultades.

Cuando una familia entiende que detrás de algunos problemas de coordinación, orientación o aprendizaje puede existir una organización lateral particular, resulta más fácil abandonar etiquetas como «vago», «despistado» o «poco trabajador».

La mirada cambia.

Y cuando cambia la mirada, también cambian las estrategias de apoyo.

Por eso, comprender las posibles causas y factores asociados de la lateralidad cruzada constituye un paso importante para acompañar mejor al niño, respetar su desarrollo y valorar, cuando sea necesario, un test de lateralidad que permita entender con mayor precisión cómo está organizado su sistema de aprendizaje y movimiento.

Luis Elías Llorens

Luis Elías Llorens Director y fundador de Centro Llorens. Licenciado en Psicología y especializado en Lateralidad. Número de Colegiado: 22891. Las especialidades de Luis Elías Llorens, son: Máster en Psicología Aplicada al Deporte / Máster en Psicología General Sanitaria / Formado en Lateralidad por Joëlle Guitart Baudot / Formación Dr. María del Mar Ferré: Lateralidad infantil y sus repercusiones en el aprendizaje / 10 años de experiencia en Lateralidad

    WhatsApp WhatsApp