• Susana Lladó

«No hay que subestimar los primeros síntomas de la depresión»

Actualizado: 17 jun

La psicóloga Núria León aborda en esta entrevista los aspectos más importantes relacionados con la depresión, y nos da algunas pautas para cuidar nuestra salud mental.


Para que se considere trastorno, y no tristeza, la persona tiene que presentar unos síntomas concretos al menos durante dos semanas y este trastorno tiene que representar un cambio respecto al funcionamiento previo de la persona.


A menudo se confunde la tristeza con la depresión. ¿Cuál es la diferencia?


La tristeza es una emoción natural básica, normal, que todos experimentamos en ocasiones cuando vivimos un acontecimiento estresante, nos afecta un problema o nos sentimos decepcionados. Si compartimos esta tristeza, notamos un alivio y, además, la emoción suele disiparse con el tiempo. En cambio, la depresión es un trastorno de salud mental, es algo mucho más serio. Si se confunden es porque están vinculadas; es decir, las personas que sufren depresión sienten tristeza, pero tristeza y depresión no son lo mismo.


Bien, ¿cuándo hablamos de depresión?


La depresión es un trastorno del estado de ánimo. Aunque afecta a cada persona de manera diversa, la mayoría experimentan síntomas psíquicos y físicos. Suelen ir juntos. Para que se considere trastorno, y no tristeza, la persona tiene que presentar unos síntomas concretos al menos durante dos semanas y este trastorno tiene que representar un cambio respecto al funcionamiento previo de la persona. La depresión impacta enormemente la vida diaria. Además, tiene una alta comorbilidad con otros trastornos psicológicos.


¿Puedes explicarlo?


Significa que hay muchos problemas psiquiátricos y psicológicos primarios que van acompañados de depresión. Es decir, la depresión suele estar presente en muchos otros problemas psiquiátricos.


¿En qué grupos poblacionales se da una mayor prevalencia de depresión?


En España, la prevalencia de la depresión en mujeres duplica a la de hombres y, en la población general, los casos aumentan con la edad. A nivel mundial, las estadísticas actuales de la OMS nos dicen que es la principal causa de discapacidad en el mundo.


¿Cuáles son los síntomas psíquicos de la depresión?


Los principales son la anhedonia, que es la incapacidad para experimentar placer; tristeza prolongada, sensación de vacío, sentimiento de desamparo, desesperanza, culpabilidad e inquietud. También puede haber irritabilidad, dificultad para concentrase, ganas de aislarse y no querer estar con amigos u otras personas, pensamientos suicidas o de muerte, problemas de insomnio y pesadillas.


Para que se considere depresión, además de tener que estar presente durante al menos dos semanas, tiene que ir acompañada de tristeza, fatiga y anhedonia, la incapacidad para disfrutar o sentir placer.

¿Y los físicos?


Suele haber una pérdida importante de peso o, por el contrario, un aumento considerable. Algunas personas comen más porque comer es la única forma que encuentran de sentir placer; en cambio, otras, pierden el apetito.


¿Hay algún síntoma más que sea frecuente?


La disminución del nivel de energía, la fatiga y, como apuntaba antes, una clara pérdida del deseo sexual, de la libido. Asimismo, son habituales el dolor de cabeza, de espalda y otros tipos no específicos de molestias o dolores. También es muy común la dificultad para concentrarse. Estos síntomas causan mucho malestar en la persona y provocan un deterioro en muchos aspectos de su vida: en el ámbito laboral, social, familiar, etc.


No todas los cuadros depresivos revisten la misma gravedad. ¿En qué se diferencian?


La depresión puede clasificarse en leve, moderada o grave, dependiendo del número y gravedad de los síntomas, y de cómo estos estén afectando al funcionamiento de la persona. Ahora bien, para que se considere depresión, además de tener que estar presente durante al menos dos semanas, tiene que ir acompañada de tristeza, fatiga y anhedonia, la incapacidad para disfrutar o sentir placer.


¿Cuándo se considera que una depresión es grave?


El trastorno depresivo mayor es el que concentra más síntomas, de tal modo que afecta a todas las áreas de la vida de la persona. Es altamente incapacitante, impide que uno se desenvuelva con normalidad. La persona se muestra muy apática, incluso tiene inhibición psicomotriz; es decir, se mueve muy poco, su expresión corporal es mínima, apenas camina, etc. Hay síntomas que interfieren la capacidad para trabajar, estudiar, dormir, comer, disfrutar, etc. Algunas personas la sufren una vez en su vida, pero en otras es recurrente.


Los primeros síntomas de la depresión suelen ser la tristeza, el ánimo bajo, el cansancio y la incapacidad para disfrutar con actividades que antes sí motivaban.


¿Cuándo se considera que es moderada?


Cuando la persona presenta un estado de ánimo bajo, está agotada, hay episodios de llanto, alteraciones del sueño, pensamientos muy negativos, nerviosismo y ansiedad, y todo esto afecta a algunas áreas de su vida. En la moderada, también se pueden dar algunos síntomas físicos.


¿Y la leve?


En este caso, también se presenta un bajo estado de ánimo y dos o tres manifestaciones más, como pérdida de apetito, fatiga o problemas de concentración, pero la persona puede hacer su vida diaria con normalidad. No obstante, la depresión leve, si se mantiene en el tiempo sin tratarse, puede convertirse en moderada, e incluso en grave.


¿Qué se sabe actualmente sobre las causas de la depresión?


Desde la psicología, sabemos que la depresión es el resultado de interacciones muy complejas. Influyen factores sociales, psicológicos y biológicos. Puede haber causas genéticas o bioquímicas, del cerebro. Y vivir situaciones traumáticas, tanto en la infancia como posteriormente, también puede desencadenar una depresión. Sabemos que vivir una experiencia traumática afecta al área del cerebro que regula el estado de ánimo. También hay más probabilidades si un familiar de primer grado la ha sufrido. Y, después, hay factores de vulnerabilidad.


Háblanos de los factores de vulnerabilidad


Hay factores de vulnerabilidad que hacen que una persona tenga más probabilidades de tener depresión. No todos reaccionamos igual ante los problemas, ni siquiera ante un mismo problema. La forma de pensar de la persona, sus construcciones mentales, la visón negativa de sí mismo y/o del mundo, del futuro, etc., son fundamentales.


¿Y el estrés?


Los acontecimientos estresantes como los problemas laborales, económicos, haber perdido a un ser querido, una ruptura, una enfermedad, tener una enfermedad crónica o entrar en la vejez, por ejemplo, también puede desencadenarla. Asimismo, el estrés al que muchas personas se han sentido sometidas durante la pandemia ha aumentado un 25 % la prevalencia mundial de la ansiedad y la depresión. Esto son datos del primer año de la pandemia, los casos van aumentando continuamente.


Es muy importante aceptar lo que se siente porque, a veces, lo que mantiene y agrava el problema es esa idea de que uno tiene que estar bien aunque no lo esté, de que tiene que seguir yendo al trabajo o al colegio, y rendir igualmente. Esto solamente empeora la salud mental.

La OMS dice que es la punta del iceberg


Las consultas están desbordadas. Los especialistas estamos viendo muchos cuadros depresivos influidos por la pandemia, por todo lo que ha comportado: personas que se sienten mal, apáticas, sin motivación. Y las cifras sobre los adolescentes son alarmantes. El 56 % de los chicos entre 15 y 26 años consideran que han tenido problemas de salud mental. Por otro lado, yo estoy viendo cada vez más pacientes adolescentes que dicen haber llevado bastante bien el confinamiento, pero que ahora lo están acusando: no consiguen coger el ritmo de la normalidad después de tanto tiempo en casa, se sienten sin energía, como exhaustos. Algunos eran muy buenos estudiantes y, ahora, están sacando malas notas.


¿Qué diferencias hay entre la depresión en niños, adolescentes y adultos?


Hay matices diferentes. Los niños no tienen tantos recursos como los adultos para expresar con palabras lo que les pasa. Por esto es importante que nos fijemos más en su expresión no verbal y en la conducta que tienen. Los síntomas más frecuentes en los niños son la tristeza, miedos nocturnos, rabietas, llanto, quejas somáticas (les duele la barriga, la cabeza), pérdida de interés por los juegos y cansancio.


¿Y en los adolescentes?


La adolescencia es una etapa que conlleva cierta inestabilidad, problemas de identidad, de relación, etc. No hay que confundir estos conflictos con síntomas de depresión, síntomas que en los adolescentes son un poco distintos. A lo que hay que estar atentos es a la actitud rebelde, la inquietud, la irritabilidad, el mal humor, la agresividad, la conducta desafiante y el abuso de sustancias.


¿Cómo pueden ayudar los padres?


Además de llevar a su hijo a terapia, nunca deben culpabilizar al niño. Si no rinde, lo más probable es que sea porque no puede.


Normalmente, ¿cuál es el primer síntoma que aparece en la depresión?


Los primeros síntomas de la depresión suelen ser la tristeza, el ánimo bajo, el cansancio y la incapacidad para disfrutar con actividades que antes sí motivaban. Todos podemos tener unos días malos, pero no hay que subestimar los primeros síntomas de la depresión porque son una alerta. Si son recurrentes, hay que buscar ayuda profesional.


Si queremos mejorar la salud psicológica, debemos empezar por cuidar nuestro cuerpo.

¿Cómo es la terapia para tratar una depresión?


El abordaje incluye terapia psicológica y tratamiento farmacológico con antidepresivos cuando la depresión es mayor o hay distimia. En el centro, la terapia es cognitivo-conductual, ya que es el tipo de terapia que tiene más evidencias científicas de éxito. Combinamos técnicas cognitivas, para que la persona aprenda a cambiar la dinámica de sus pensamientos, y técnicas conductuales para que aprenda a cambiar su conducta. Normalmente, las sesiones son semanales y, en función del caso, la terapia se prologa más o menos en el tiempo. Si es una depresión grave, se requiere, como mínimo, un año y medio o dos de tratamiento.


¿Qué es la distimia?


La distimia también es un trastorno de ánimo. Se asemeja a la depresión mayor y, aunque es menos severa que esta, es discapacitante porque es crónica. Los síntomas pueden durar décadas. Como es un estado depresivo persistente, la persona piensa que es así, la confunde con su personalidad y se resigna a vivir en este estado de ánimo.


Estamos viviendo tiempos especialmente difíciles. Además de empezar una terapia, si es necesario, ¿cómo podemos cuidar nuestra salud mental?


Es muy importante aceptar lo que se siente porque, a veces, lo que mantiene y agrava el problema es esa idea de que uno tiene que estar bien aunque no lo esté, de que tiene que seguir yendo al trabajo o al colegio, y rendir igualmente. Esto solamente empeora la salud mental. Hay que aceptar y validar lo que uno siente. A partir de aquí, buscar personas del entorno con las que te puedas permitir expresarte en un espacio seguro, siempre que sepas que esa persona te va a acompañar y que sabrá validarlo. Después, hay que buscar la ayuda de un especialista. También es fundamental entender lo importante que son los hábitos saludables.


Lo sabemos, pero cuesta integrarlos


En general, no se da a los hábitos saludables la relevancia que tienen. Tener un día estructurado es esencial. Me refiero a horarios y responsabilidades. Nuestra jornada también debe incluir un tiempo para el descanso y el ocio, e intentar socializar al máximo: no permitir que uno se vaya aislando, porque eso destruye. Después, hay que integrar el deporte o el ejercicio, y una dieta con alimentos que tengan los nutrientes que necesita el organismo. Si queremos mejorar la salud psicológica, debemos empezar por cuidar nuestro cuerpo.

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