• Susana Lladó

La lateralidad cruzada daña la autoestima y el autoconcepto


La baja autoestima es uno de los problemas emocionales que suelen presentar los pacientes con lateralidad cruzada. Esta sintomatología emocional está estrechamente relacionada con las dificultades de aprendizaje que tienen por no haber desarrollado una lateralidad homogénea.


Estos niños y adolescentes tienen dificultades de aprendizaje porque la lateralidad cruzada causa desorientación espacial y temporal, deficiencias en la coordinación motora y el desarrollo psicomotriz, y que no se adquiera correctamente el esquema corporal; consecuencias que dificultan enormemente procesos de aprendizaje tan importantes como el del lenguaje, la lectoescritura y las matemáticas (leer el artículo Síntomas de la lateralidad cruzada o escasamente afianzada).


Asimismo, hay que tener en cuenta que dichos aprendizajes son la base para todos los aprendizajes posteriores, y que si un niño no entiende lo que lee, no solo tendrá dificultades en la asignatura de Lengua, sino en todas las demás.


Causas y consecuencias de una baja autoestima y un autoconcepto negativo


Cuando un niño que todavía no ha sido diagnosticado de lateralidad cruzada ve que, a pesar de dedicarle horas y esfuerzo al estudio, su rendimiento escolar es bajo o muy bajo, suele explicárselo a sí mismo diciéndose que es menos inteligente que los demás y que tiene menos habilidades.

Por esta razón, uno de los problemas emocionales más importantes que causa la lateralidad cruzada es la pérdida de autoestima, la cual está muy relacionada con tener un autoconcepto negativo, ya que la idea que tenemos de nosotros mismos (autoconcepto) depende en gran medida de la valoración que hacemos de nuestra persona (autoestima).


La autoestima es la base del desarrollo infantil. Desde edades muy tempranas, los niños se van configurando una imagen de sí mismos en función de sus pensamientos, sentimientos, habilidades, validez y capacidad para afrontar los desafíos y relacionarse con los demás y consigo mismos. La valoración que hagan de su persona determinará su manera de afrontar los obstáculos, ya que la autoestima influye en aspectos de la personalidad y en aspectos psicológicos, sociales y emocionales.


Los niños y adolescentes con una autoestima alta suelen tener los recursos necesarios para gestionar los problemas que se les presentan y se acaban desarrollando de forma positiva, tanto en el entorno social como en el escolar y familiar. En cambio, «los niños con baja autoestima suelen desarrollar estrategias que no son productivas o que les dejan atascados, por lo que su desarrollo se ve afectado. Además, una autoestima y un autoconcepto bajos también pueden limitar el grado de aprendizaje o rendimiento escolar porque van acompañados de cierto desánimo y falta de motivación. Por este motivo es muy importante trabajar estos aspectos como parte de la terapia de lateralidad. Afortunadamente, ambos se pueden mejorar porque son dinámicos, no son algo fijo y determinado por nacimiento», explica la psicóloga de nuestro centro Núria León.


La autoestima también está muy implicada en cómo los niños perciben sus errores y fracasos. Por esto los niños con lateralidad cruzada y/o problemas de aprendizaje suelen ser más inseguros, les cuesta tomar decisiones, confían poco en sí mismos, evitan ponerse nuevos objetivos y asumir nuevos retos. «Sabemos que, en gran medida, los niños construyen su autoestima en base a su experiencia escolar. En esta etapa, los niños que tienen un buen desempeño en el colegio suelen tener una autoestima adecuada, ya que van experimentando una serie de logros. En cambio, los niños con dificultades de aprendizaje tienen rendimientos bajos y experimentan el fracaso escolar», señala la psicóloga.


Hay otro aspecto que también contribuye a minar la autoestima de estos pacientes: a pesar de que se esfuerzan mucho en los estudios y en hacer las cosas bien, se equivocan a menudo y los resultados que obtienen están muy debajo de los de sus compañeros, por lo que no pueden evitar compararse con ellos, sentirse inferiores y concluir que no tienen la misma capacidad. Esto hace que se sientan muy frustrados y que crean que todo lo hacen mal, lo cual no hace más que aumentar su sensación de fracaso y seguir debilitando su autoestima.


Además, como la lateralidad cruzada causa problemas de atención y concentración, les cuesta seguir las explicaciones del maestro, tienen despistes, se les olvidan cosas, es habitual que necesiten más tiempo de lo normal para hacer una tarea y que no puedan hacer dos cosas a la vez, aunque sean sencillas.


Si a todo ello sumamos que su habla suele ser poco fluida, que invierten letras y números, los problemas de discalculia, lectura, escritura y desorientación, que suelen ser patosos y que se les etiqueta como vagos, no debe extrañarnos que haya consecuencias a nivel emocional y que se bloqueen con frecuencia.


Indicadores de baja autoestima

  • El niño o adolescente evita participar en actividades

  • Es incapaz de continuar y terminar tareas

  • No es capaz de ser creativo

  • Tiene conductas pasivas o agresivas con sus compañeros

  • Timidez, aislamiento

  • Le cuesta jugar, divertirse y tener sentido del humor


La terapia de lateralidad cruzada también trata los problemas emocionales


«Cuando un paciente llega al centro, además de realizarle el test completo de lateralidad, se le hace un diagnóstico detallado mediante una serie de pruebas que nos indican cómo está esa persona emocionalmente. Estos test también se los hacemos a los adultos y son fundamentales para trabajar con ellos en este sentido y que los pacientes recuperen su estabilidad emocional», explica la psicóloga.


Avanzar en esta estabilidad repercutirá muy positivamente en su evolución psicomotriz, en los progresos relacionados con la lateralidad, en sus habilidades sociales y en resolver sus dificultades de aprendizaje. La persona siente que no está sola, que es merecedora de ayuda, que se reconoce su valía y que tiene el derecho de desarrollarse según sus capacidades igual que cualquier otro niño. Recordemos que estos pacientes tienen un cociente intelectual normal o, en algunos casos, superior a lo normal.


Asimismo, durante el tratamiento se trabaja estrechamente con los tutores, psicólogos o psicopedagogos del colegio para que sepan cuál es la situación del niño, para que reduzcan sus expectativas sobre su rendimiento escolar y colaboren, por ejemplo, dejándole más tiempo en los exámenes. Del mismo modo, se trabaja con la familia para que el niño se sienta valorado en casa, que los padres eviten enfadarse con su hijo por cuestiones relacionadas con la lateralidad cruzada y no lo etiqueten. «Hay que entender que muchos padres están desesperados cuando acuden al centro. En cierto modo es comprensible, porque hasta que no tienen el diagnóstico, lo habitual es que piensen que su hijo no presta atención a las cosas, que podría rendir más en sus estudios, etc. Hay que darles herramientas para que aprendan a gestionar la situación, creen un clima de confianza y refuercen positivamente cada pequeño progreso que va haciendo el niño para que este se sienta apoyado y motivado. El papel de los padres es muy importante en el equilibrio emocional de los niños con lateralidad cruzada», concluye la especialista.




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