• Susana Lladó

«La depresión en niños y adolescentes puede afectar a su desarrollo global»

En esta entrevista, la psicóloga Núria León aborda la depresión en niños y adolescentes, y nos explica por qué suele afectar en mayor o menor medida a aquellos que presentan problemas de lateralidad.



¿Los niños y adolescentes manifiestan la depresión igual que los adultos?

No, los niños y adolescentes no tienen tantos recursos como los adultos para expresar lo que sienten. Hay que estar muy pendientes de su conducta y de su lenguaje no verbal: la mirada, el tono de voz, la postura corporal, cambio de hábitos, etc.


¿Ellos no dicen frases tipo «Estoy hundido», como haría un adulto?

No, no podemos esperar que nos digan qué les pasa. A nivel cognitivo, no tienen tanta conciencia de sí mismos como para identificar sus emociones, distinguir si lo que sienten es tristeza, rabia, frustración u otra emoción, y ponerle nombre. Su vocabulario emocional y su proceso reflexivo no son los de un adulto.


Por otro lado, los síntomas de la depresión en niños y adolescentes varían dependiendo de la edad, aunque hay algunos generales.


Bien, empecemos por los síntomas generales

Tanto los niños como los adolescentes pueden sentirse tristes, desesperanzados, irritables, dejan de hacer cosas que antes les divertían, pierden la capacidad de disfrutar, su actividad física disminuye porque están más cansados, tienen dificultades para prestar atención, se muestran inseguros y somatizan. También es frecuente que se produzcan cambios en el patrón del sueño y en sus hábitos de comida, que tengan rabietas y episodios de llanto, y suelen tener miedo a ir al colegio, al fracaso, al rechazo.


Muchos padres se sorprenden ante el diagnóstico de depresión o de síntomas depresivos en su hijo. Se piensa, erróneamente, que este trastorno solo afecta a las personas más mayores, y no es así.

¿Cuáles son los síntomas que presentan los niños más pequeños?

Todos los niños pequeños suelen presentar una alta somatización: se quejan de dolor de cabeza y estómago, cansancio e incluso pueden llegar a vomitar. Los que tienen 6-7 años, manifiestan la depresión con tristeza, problemas de sueño, rabietas, llanto, pérdida de interés, enuresis o TDAH.


¿Y los niños mayores de 6 años?

Entre los 6 y los 12 años, los síntomas empiezan a ser de persona más mayor, por expresarlo de alguna forma. A los síntomas ya citados, hay que añadir la agresividad, apatía, aburrimiento, culpabilidad, baja autoestima, el empeoramiento de las relaciones sociales y los conflictos en casa.


¿Y los adolescentes, cómo la manifiestan?

De los 12 hasta los 18 años, los síntomas suelen ser los señalados, más las conductas desafiantes, el abuso de drogas y alcohol, la irritabilidad, mal humor, rebeldía, ira, hostilidad, aislamiento, absentismo escolar, el descuido de la higiene personal y las autolesiones.


Debe ser difícil para un padre o una madre aceptar que su hijo sufre una depresión

Sí, muchos padres se sorprenden ante el diagnóstico de depresión o de síntomas depresivos en su hijo. Se piensa, erróneamente, que este trastorno solo afecta a las personas más mayores, y no es así. De hecho, cada vez hay más niños diagnosticados de trastornos depresivos o que presentan síntomas de depresión.


Quizá asusta o es fácil atribuir estos cambios a que el niño está pasando por un mal momento

Es normal que los niños y adolescentes tengan miedos y preocupaciones. En distintos momentos de su desarrollo pueden sentirse tristes o desesperanzados cuando tienen problemas en casa, en el colegio o instituto, etc. Sin embargo, tal como explicamos en la entrevista anterior sobre la depresión en adultos es esencial diferenciar entre tristeza y depresión.


Lo importante es identificar cuál ha sido el desencadenante, qué ha disparado la depresión. Aunque casi nunca hay una única razón, sí suele haber un desencadenante principal.

Recordemos esa diferencia entre tristeza y depresión

La tristeza es una emoción natural básica que forma parte de nuestra naturaleza, de la condición humana. Tiene una función adaptativa. En cambio, la depresión es una alteración del estado de ánimo, ya que se mantiene en el tiempo, y afecta gravemente a la vida y el funcionamiento de la persona, en este caso del niño o del adolescente. Por esta razón es fundamental que los padres estén atentos.


Si se trata de un problema puntual, ¿cómo pueden ayudar los padres?

Los padres, y la familia en general, tienen un papel importantísimo en cómo el niño aprende a gestionar sus emociones. Si se trata de un problema puntual, lo primero que deben hacer es ayudarle a identificar lo que siente para que así pueda aprender a manejar la situación.


¿Y si todo indica que se trata de algo más importante?

Cuando un niño tiene síntomas de los que hemos nombrado hay que llevarlo al pediatra. Este debe ser el primer paso para descartar otras causas de tipo orgánico. No olvidemos que a estas edades están en desarrollo. Si el pediatra descarta las causas orgánicas, lo derivará al psicólogo infantil.


¿Cómo afecta la depresión a un niño o a un adolescente?

La infancia y la adolescencia son etapas delicadas del desarrollo. Si a estas edades se sufre una depresión y el niño no tiene la madurez para tener conciencia de sus emociones o no tiene los recursos para gestionar lo que siente, el trastorno puede interferir en su desarrollo global como persona.

También hay que señalar que la depresión en un adolescente suele durar más tiempo que en un niño.


¿Por qué?

Es una etapa más delicada. Normalmente, hay remisiones y recurrencias. Suele ser más crónica.


Además de la depresión, el test evalúa la ansiedad, impulsividad, problemas antisociales y de conducta, la ansiedad social, la sintomatología obsesiva, la hiperactividad, los problemas de atención y de aprendizaje, el consumo de sustancias y la conducta alimentaria, entre muchos otros aspectos.

¿A qué deben estar atentos los padres de adolescentes?

La adolescencia se caracteriza por ser una etapa de inestabilidad emocional. Los adolescentes pasan por problemas de identidad, frustración, etc. Lo que hay que vigilar es si los síntomas son los habituales de esta fase o si puede tratarse de algo más grave.


Hablemos de las causas de la depresión en niños y adolescentes

Las causas pueden ser muy diversas: factores genéticos, problemas entre los padres, un divorcio, conductas agresivas, factores sociales como el nivel económico, experiencias de acoso, la pérdida de un ser querido, la sobreprotección, un factor aprendido, etc.


Lo importante es identificar cuál ha sido el desencadenante, qué ha disparado la depresión. Aunque casi nunca hay una única razón, sí suele haber un desencadenante principal. Incluso cuando hay un factor genético, algo le ha ocurrido al niño o al adolescente que ha actuado como detonante. Identificar este detonante es parte del trabajo que realizamos en psicoterapia.


Explícanos con más detalle cómo trabajáis en terapia la depresión en niños y adolescentes

A menudo, los padres traen a su hijo a terapia porque está sacando malas notas y/o han notado cambios en su comportamiento. Pero puede ser, por ejemplo, que el niño esté viviendo una situación de acoso escolar y en casa no sepan nada. Por esto, primero realizamos un test muy completo con los padres, el colegio y el niño que nos da una visión de los tres sobre lo que puede estar sucediendo. Asimismo, también realizamos un test completo de lateralidad. Posteriormente, volvemos a hablar con los padres, el colegio y el niño para contrastar información y perspectivas.


¿Qué evalúa el test?

Además de la depresión, el test evalúa la ansiedad, impulsividad, problemas antisociales y de conducta, la ansiedad social, la sintomatología obsesiva, la hiperactividad, los problemas de atención y de aprendizaje, el consumo de sustancias y la conducta alimentaria, entre muchos otros aspectos.


El test no nos dice «Este paciente cumple los criterios de una depresión leve, moderada o grave», pero sí nos proporciona un primer esquema del funcionamiento global de la persona a partir del cual trabajar.


Los niños con problemas de lateralidad que presentan depresión no la padecen por tener una lateralidad cruzada o mal afianzada, sino por las consecuencias que se derivan de los problemas de lateralidad.

¿Os permite recabar otro tipo de información valiosa para la terapia?

Sí, también evalúa los recursos psicológicos de la persona, su capacidad para gestionar problemas, cómo se siente de fuerte.


¿Cómo trabajáis con los niños más pequeños para detectar la causa de la depresión si no hablan de sus emociones como lo haría alguien de más edad?

Utilizamos muchas técnicas proyectivas que el niño vive como un juego. Por ejemplo, juegos con muñecos que representan al padre, la madre, los abuelos, la amiga de clase, etc. A través de ellos les es más fácil expresar y poner en contexto lo que ocurre, ya que se sienten más libres. Mediante el dibujo también trabajamos la conciencia de las emociones. Es una herramienta muy útil que, además, nos permite que reflexionen sobre ellas.


Centrémonos ahora en la depresión en los niños con problemas de lateralidad

Los niños con problemas de lateralidad que presentan depresión no la padecen por tener una lateralidad cruzada o mal afianzada, sino por las consecuencias que se derivan de los problemas de lateralidad.


¿Puedes explicarlo un poco más?

Es muy habitual que los pacientes de lateralidad tengan problemas de depresión. Normalmente, no se trata de una depresión grave, pero sí presentan síntomas: inseguridad, desesperanza, baja autoestima, etc. Esto se debe a sus dificultades motoras y problemas de aprendizaje. Si, por ejemplo, un niño no tiene equilibrio será el patoso de su clase, es muy probable que se rían de él en clase de gimnasia, etc. Es lógico que esto vaya minando su autoestima. Si a este síntoma de lateralidad cruzada le sumas todos los demás, el niño crece pensando que es diferente, inferior. Sobre todo, cuando no se le diagnostica pronto. Y ahí tenemos el desencadenante del que hablábamos antes.


¿Hay algún aspecto importante sobre el tratamiento de la depresión que no hayamos mencionado?

Es muy importante implicar a los padres del niño o adolescente en el tratamiento. Y si hay un problema de dinámica familiar, también se recomienda hacer terapia familiar. En nuestro centro evitamos al máximo la medicación. Es el último recurso, y solo si hay problemas graves de agresividad, por ejemplo.


¿Alguna reflexión final?

La pandemia ha aumentado los casos de depresión en niños y adolescentes. Se rompió su rutina, sus relaciones se vieron afectadas, vivieron situaciones difíciles de gestionar incluso para los adultos. No debemos olvidar que los niños y adolescentes son vulnerables. En el caso de los adolescentes, estaban en el momento de salir a descubrir el mundo y este proceso tan importante quedó abruptamente parado. Ahora, a muchos de ellos les está costando volver a salir, mantener su rendimiento académico. No se han recuperado porque no es tan fácil. Necesitan ayuda para recobrar la motivación. Han estado tanto tiempo parados que es como volver a poner en marcha la máquina. No se vuelve a la normalidad apretando un botón.




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