• Susana Lladó

«Es fácil que la ansiedad infantil y juvenil pase desapercibida»

Actualizado: 7 nov

La psicóloga Núria León recalca en esta entrevista la importancia de hablar de la ansiedad infantil y juvenil para poder detectarla en estos grupos de población e intervenir a tiempo. Nos explica cuáles pueden ser los factores desencadenantes de la ansiedad en niños y adolescentes, qué síntomas deberían advertir a padres y profesores, y cómo se trabaja en terapia.


¿La ansiedad infantil es un motivo de consulta habitual?

Sí, es uno de los más habituales, junto con los trastornos de ansiedad y los trastornos de comportamiento, que son el TDAH, el trastorno del espectro autista y los trastornos de aprendizaje.


¿Los padres entienden que su hijo pueda sufrir ansiedad?

Hay muchos padres que no. Algunos padres se preguntan cómo es posible que su hijo sufra ansiedad o estrés si solamente tiene que ir al colegio y jugar. Hay una creencia de que la ansiedad solamente afecta a los adultos, que está relacionada con las responsabilidades laborales, familiares, etc. Pensamos que somos los únicos que experimentamos emociones intensas, pero no es así. Por esto es importante hablar de la ansiedad infantil y juvenil, para que tanto los padres como el entorno escolar sean conscientes de que existe y puedan detectarla.


¿Cómo es la ansiedad en la infancia y adolescencia?

Al igual que en los adultos, la ansiedad infantil es una emoción normal, una reacción adaptativa. Pero se puede convertir en un trastorno cuando esta reacción es desproporcionada en intensidad y frecuencia debido a que el niño no es capaz de superar los problemas o preocupaciones que la causan y que son propios de su edad.


En la infancia, ¿hay miedos que podrían considerarse normales?

Sí. Desde el punto de vista evolutivo, hay miedos que son naturales, como el miedo a la oscuridad, a los ruidos, etc. Sin embargo, deberían ir desapareciendo. Si no es así o el miedo persiste aunque ya no exista la causa es cuando hablamos de ansiedad. Otro indicador de ansiedad es cuando el niño anticipa la causa del miedo.


En familias en las que ya ha habido ansiedad o trastornos de este tipo es más probable que el niño también la presente. Si en la familia hay una vulnerabilidad a los elementos estresores, el niño puede adquirir también esta predisposición

¿A qué síntomas deben prestar atención los padres?

Para distinguir los miedos naturales de la ansiedad, deben estar atentos a si el niño tiene náuseas, gastroenteritis, miedos generalizados, preocupaciones por cuestiones que a otros niños no les preocupan, si piensa demasiado en aquello que le da miedo, si deja de quedar con amigos, si se hace el enfermo para no ir al cole (podría estar sufriendo bullying), si tiene pesadillas, fatiga, taquicardias, hiperventilación, si pregunta mucho…


¿A qué te refieres con preguntar mucho?

Por ejemplo, si un niño le pregunta varias veces a su madre si seguro que le irá a buscar al colegio, lo más probable es que lo haga porque tiene un gran miedo a que no sea así; lo cual estaría indicando que hay algo más, que es lo que le produce ansiedad.


¿Los niños manifiestan la ansiedad igual que los adultos?

No siempre, porque el niño no tiene la madurez, la consciencia, el vocabulario ni otros recursos para comunicar sus emociones como lo podría hacer un adulto. Por eso es fácil que la ansiedad infantil y juvenil pase desapercibida. Si el niño come, juega y tiene una vida más o menos normal, su entorno puede pensar que no hay ningún problema. Debemos estar atentos a su conducta: a cambios en su comportamiento, sueño o alimentación; si aparecen trastornos del habla, si se hace pipí, se queja de dolor de barriga, etc.


¿Los factores desencadenantes actúan en niños y adolescentes igual que en los adultos?

En familias en las que ya ha habido ansiedad o trastornos de este tipo es más probable que el niño también la presente. Si en la familia hay una vulnerabilidad a los elementos estresores, el niño puede adquirir también esta predisposición. Ahora bien, los factores ambientales pueden ser, igualmente, un desencadenante: el divorcio de los padres, ciertos estilos de crianza, las situaciones de violencia, acoso o abuso; la pérdida de un ser querido, si el niño ha tenido que vivir muchas mudanzas o cambios de colegio…Es decir, cualquier acontecimiento estresante importante.


¿La ansiedad se aprende? ¿La ansiedad de los propios padres puede actuar como un modelo?

Hay padres catastrofistas y sobreprotectores que viven anticipando en su mente la peor de las situaciones posibles. Este ambiente puede provocar que el niño se acostumbre a leer la realidad y a vivirla de esta forma. Son dinámicas que se aprenden de los referentes, que en este caso son los padres.


Cuando un niño llora, hay que dejar que pueda transitar por esa tristeza para que la libere. Si se le hace una resistencia o un bloqueo a esa emoción, no aprenderá a relacionarse con sus emociones porque pensará que no tiene derecho a sentirlas

¿Cuáles son los trastornos de ansiedad más frecuentes en niños y adolescentes?

Los más habituales son el trastorno de ansiedad por separación, que es cuando hay un miedo a separase de las personas por las que el niño siente apego; las fobias específicas, la ansiedad social, el mutismo selectivo y el trastorno de ansiedad generalizada, que es cuando el miedo no tiene una causa concreta.


Las estadísticas indican que con la pandemia se han incrementado los casos de ansiedad generalizada

Sí, sobre todo, en adolescentes. Ven su futuro con mucha incertidumbre. Y el haber tenido que llevar mascarilla y dejar de socializar durante dos años también les ha afectado mucho, al igual que a los niños más pequeños. Vivir siempre con un miedo latente y en estado de alerta tiene consecuencias. Y no ver las expresiones de los demás en edades en las que se está aprendiendo a interpretar el lenguaje no verbal, también. Todavía desconocemos los efectos a largo plazo de lo que han vivido. Ya estamos viendo síndromes como el de la cara vacía en consulta: chicos que tienen miedo a quitarse la mascarilla, que se sienten expuestos y vulnerables sin ella.


Antes has citado el mutismo selectivo, ¿en qué consiste?

Es la inhibición del habla, cuando se quedan como mudos delante de ciertas personas o en una situación social en concreto. Estos bloqueos indican una ansiedad de fondo, por lo que hay que buscar la causa.


¿Hay alguna diferencia significativa entre la ansiedad infantil y la de un adolescente?

Sí, porque son etapas diferentes. En la adolescencia es bastante normal que haya altibajos emocionales debido a los cambios hormonales y a los que se producen en el cuerpo, a que se busca la identidad a través del grupo social, etc. Casi todos los adolescentes sienten ansiedad en algún momento, pero hay que vigilar si esta se prolonga en el tiempo, ya que, entonces, podríamos estar ante un trastorno de ansiedad.


¿A qué signos deberían estar atentos los padres de adolescentes?

A si tienen miedos y preocupaciones recurrentes, rumiación constante de pensamientos, irritabilidad, si están enfadados por todo o con todo, si evitan ir al cole o tener relaciones sociales, si empiezan a tener peores notas, problemas para dormir o de concentración, fatiga, dolores de estómago o de cabeza, episodios de llanto, mucho miedo a equivocarse o dudas sobre sus habilidades o capacidades, si son extremadamente exigentes consigo mismos… También son un indicador el uso de sustancias y los comportamientos de riesgo. En esta etapa del desarrollo, además, suelen presentarse dos síntomas más cuando hay ansiedad: la despersonalización y la desrealización.


El test SENA es un test muy completo para niños de entre 3 y 18 años que nos permite identificar y evaluar si un niño o un adolescente tiene problemas de ansiedad o problemas de gestión emocional, y empezar a trabajar desde esa información

¿Qué es la despersonalización y la desrealización?

Es un sentimiento de sentirse extraño en uno mismo, como si no sintieran su existencia como real. Algunos, incluso se pellizcan para comprobar si son reales. Se sienten raros en su cuerpo, con quienes son y con la existencia en sí misma.


¿Este sentimiento está relacionado con el aumento de autolesiones entre los adolescentes?

Directamente, no. Pero es cierto que la incertidumbre de la que hablábamos antes, la frustración, la ansiedad generalizada y todas las dificultades a las que se han enfrentado y se enfrentan son causas de este incremento de las autolesiones y suicidios; otro tema del que, como sociedad, deberíamos hablar más porque no es cierto que hacerlo incremente los casos. Al contrario, se podrían evitar muchas de estas conductas.


¿Las causas de la ansiedad en adolescentes son distintas a las de la ansiedad infantil?

Los adolescentes están en una etapa en la que algunos experimentan una gran presión relacionada con su rendimiento escolar, también suelen compararse más con sus compañeros o amigos, y algunos se frustran si no obtienen sus objetivos enseguida. La inmediatez en la que vivimos como sociedad y la competitividad a la que contribuyen las redes sociales no ayudan. Estos factores pueden predisponer a la ansiedad.


Deberíamos mostrar en las redes sociales una imagen más real de nuestra vida

Sí, en lugar de subir solamente lo que se supone que es más positivo. Esto humanizaría las redes y contribuiría a que muchos jóvenes no sintieran que hay tanta diferencia entre ellos y aquellos a los que admiran y con los que se comparan. Ninguna vida es perfecta ni nadie tiene un aspecto impecable a todas horas. Yo tengo pacientes que con nueve años ya tienen teléfono móvil y esta realidad ficticia, así como la sobreinformación, les afecta.


¿Cómo trabajáis en terapia la ansiedad en niños y adolescentes?

Lo más importante es trabajar en la identificación y expresión de sus sentimientos, además de en otros aspectos como la autoestima, la relación que tiene el paciente consigo mismo y con los demás, cómo percibe el mundo, etc. Hay que partir de todas estas cuestiones antes de avanzar en la terapia, ya que, por ejemplo, a muchos adolescentes les cuesta conectar con sus emociones, identificar por qué razón en concreto se sienten frustrados, desmotivados, agresivos o irritados. Asimismo, se lleva a cabo un trabajo con los padres para que les permitan vivir a sus hijos esos miedos y emociones de una forma natural, ya que muchas veces son los padres los que no fomentan esa expresión diciéndoles frases como “No llores, que no pasa nada”. Cuando un niño llora, hay que dejar que pueda transitar por esa tristeza para que la libere. Si se le hace una resistencia o un bloqueo a esa emoción, no aprenderá a relacionarse con sus emociones porque pensará que no tiene derecho a sentirlas.

Por otro lado, antes de iniciar la terapia, les hacemos a los niños y adolescentes el test SENA.


¿En qué consiste este test?

El test SENA es un test muy completo para niños de entre 3 y 18 años que nos permite identificar y evaluar si un niño o un adolescente tiene problemas de ansiedad o problemas de gestión emocional: depresión, obsesiones, ansiedad social, trauma, impulsividad, problemas de atención, agresividad, conducta antisocial, problemas de conducta alimentaria, de aprendizaje, saber cómo se relaciona, cómo es su inteligencia emocional, con qué recursos propios cuenta, etc. Los terapeutas empezamos a trabajar desde esa información


Además, este test se lo proporcionamos también a los padres y a la escuela para obtener los tres resultados: la percepción del niño, la de la familia y la del colegio, con lo cual podemos contrastar muchos puntos importantes. Por ejemplo, quizá los resultados del test que ha hecho la escuela no revelan un problema alimentario, pero los que nos devuelven los padres, sí.


Cuando un niño, desde pequeño, vive situaciones complicadas y está expuesto a problemas que le hacen desarrollar ansiedad, puede arrastrar estos problemas, y la ansiedad le puede afectar en su adolescencia o a lo largo de toda su vida. Me atrevería a decir que casi es más importante trabajar la ansiedad en los niños que en los adultos

¿Por qué es tan importante permitir la expresión de las emociones?

Los padres deben permitir que su hijo exprese sus emociones, aceptarlas y validarlas, sin magnificarlas y sin asustarse, sin decirle cosas como “No estés de esta manera”. Tampoco se trata de consolarle todo el día, pero sí hay que validar lo que está sintiendo el niño y permitir que lo sienta durante unos segundos. Así es como se va a destensar. En terapia, les enseñamos a los niños estrategias para gestionar sus emociones, pero para que estas estrategias sean exitosas, previamente debe haber la aceptación de la que hablo.


Pongamos un ejemplo

Un niño que está triste porque su mejor amigo no ha podido asistir a su fiesta de cumpleaños. Podríamos decirle: “Es normal que estés triste, lo entiendo. Pero han venido muchos amigos tuyos, puedes jugar y disfrutar con ellos, y ya verás a tu mejor amigo otro día”.


¿Los padres pueden hacer algo más para evitar la ansiedad a estas edades?

Estar atentos a los contenidos que consumen en los medios de comunicación y redes sociales. La sobreestimulación y la sobreinformación es muy perjudicial para el cerebro de un niño o de un adolescente. Hay que moderar y dosificar la información a la que quedan expuestos, que esta información esté contrastada y no sea siempre negativa.


¿Qué repercusiones puede tener no tratar la ansiedad a estas edades?


Si no se trata la ansiedad en estas edades, puede tener consecuencias en todas las áreas de la vida del niño: en su rendimiento académico, vida social, etc. Además, si no aprende a identificar y gestionar la ansiedad durante esta etapa de su vida, las probabilidades de que sea un adulto ansioso aumentan. Si el niño, desde pequeño, vive situaciones complicadas y está expuesto a problemas que le hacen desarrollar ansiedad, puede arrastrar estos problemas, y la ansiedad le puede afectar en su adolescencia o a lo largo de toda su vida. Me atrevería a decir que casi es más importante trabajar la ansiedad en los niños que en los adultos.




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