• Susana Lladó

«En el tratamiento para la adicción al móvil hay que ver qué variables refuerzan esta conducta »

Actualizado: 7 nov



En España, siete de cada diez menores tienen un teléfono móvil, según el último informe del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad publicado en febrero de este año. Como adultos, debemos comprender que este dispositivo electrónico, al igual que el ordenador o la tablet, forma parte de la crianza de estas generaciones.


Sin embargo, el problema surge cuando hacen un mal uso de las nuevas tecnologías (el 30 % de ellos, según UNICEF); un uso problemático del que, en la mayoría de casos, no son conscientes ni ellos ni sus padres.


El psicólogo Luis Elias Llorens está especializado en la adicción a las TIC. En esta entrevista, nos explica cómo se diagnostica en concreto la adicción al móvil, las consecuencias de esta dependencia en niños, adolescentes y adultos, y cómo se trata en terapia la adicción.



¿Cuándo hablamos de adicción al móvil?

Cuando la persona presenta una pérdida de control relacionada con el uso del teléfono, tiene una dependencia psicológica, cada vez necesita utilizarlo más y cambia su conducta si por alguna razón no puede utilizar el dispositivo. Estos dos últimos indicadores son los que los psicólogos denominamos tolerancia y abstinencia, respectivamente.


Hablemos de los síntomas de abstinencia

Si se les quita el teléfono móvil, lo pierden o no pueden conectarse, se enfadan, se ponen irascibles, irritables, muestran un gran nerviosismo, se sienten inseguros, sienten ansiedad, etc. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de una adicción y que la dependencia psicológica en los más jóvenes está muy relacionada con cómo entienden su integración social. Creen que para construir buenas relaciones sociales tienen que estar conectados todo el día.


Muchos padres no ven la relación que hay entre que su hijo se porte fatal y el mal uso que este hace del teléfono móvil

¿Cuáles son las consecuencias de esta adicción?

Sea cual sea la edad de la persona, sus relaciones sociales y familiares quedan afectadas: se deterioran o hay pérdidas. En los niños y adolescentes, también repercute en su rendimiento escolar y, si hablamos de adultos, la adicción al móvil repercutirá en las competencias laborales.


Supongo que muchos padres ignoran que su hijo sufre una adicción cuando lo llevan a terapia

Sí, normalmente acuden al especialista porque han observado cambios conductuales en el niño y/o porque ha bajado su rendimiento escolar. Te dicen: «Mi hijo y yo teníamos muy buena comunicación y ahora no me habla» o «Mi hijo siempre ha sido muy familiar y respetuoso, pero ahora está distante, me contesta con mucha agresividad y se porta fatal». Es decir, muchos padres no ven la relación que hay entre que su hijo se porte fatal y el mal uso que este hace del teléfono móvil.


Bien, sigamos con las consecuencias de la adicción

Otra consecuencia son los problemas de sueño. Les cuesta conciliarlo y, cuando se duermen, el sueño no es lo suficientemente reparador. Sabemos que la luz azul de las pantallas emite señales que alteran los ritmos naturales del sueño. Además, los contenidos que consumen antes de irse a dormir activan en exceso su cerebro: ven películas de acción o violentas, les altera leer un comentario que se ha hecho sobre ellos en las redes sociales, han estado jugando a un videojuego que les ha puesto en estado de alerta, etc. Es habitual que debido a todo ello se despierten por la noche o tengan pesadillas. Después, hay consecuencias específicas cuando hablamos de niños y adolescentes, como el gasto excesivo.


La obligatoriedad autoimpuesta de estar siempre conectado es la antesala de la adicción al móvil

¿El gasto económico?

Sí, es una gran preocupación para la mayoría de los padres, y fuente de conflictos. Tienen un exceso de gasto en la factura del móvil porque, al necesitar wifi constantemente, consumen muchos más datos de los que tienen contratados, les llegan cobros relacionados con los clickbytes, los videojuegos, etc. Es decir, hay un gran gasto asociado a la adicción al móvil porque el propio dispositivo favorece una fascinación por todos los contenidos novedosos, favorece el uso; sobre todo, en los adolescentes.


¿Por qué dices que el propio dispositivo favorece su uso?

Porque es un dispositivo fácil de usar, constantemente aumenta la cantidad de cosas que se pueden hacer con él, los diseños son cada vez más espectaculares y brillantes, cada nuevo modelo es más rápido que el anterior, etc. Hay una incitación comercial, de consumo y social.


¿Cuáles son los principales problemas derivados de la adicción?

El primero es la interferencia con otras actividades. Al dedicar tantas horas diarias al móvil, reducen las que dedican a los estudios o al trabajo. En consecuencia, el rendimiento escolar o laboral disminuye. Por esto, cuando hacemos psicoeducación familiar con niños y adolescentes, la primera norma es que en la habitación en la que estudian no haya un teléfono móvil. Parece una obviedad, pero todos estudian con el dispositivo a medio metro y, como no deja de sonar, es una distracción constante que influye en su capacidad de atención.


El móvil debería servir para comunicarnos con las personas que aumentan nuestro bienestar, que son importantes para nosotros; en cambio, estas personas se aíslan de su comunidad real.

También abandonan otras actividades que antes les gustaba realizar, ¿no?

Sí, como las deportivas: en lugar de ir a su clase de natación o al partido de básquet, se quedan en su habitación encerrados y teniendo acceso ilimitado a todo tipo de contenidos, sin criterio y sin la madurez necesaria. Pero esto también ocurre fuera de casa, los dispositivos son móviles, van con ellos. Pueden estar viendo pornografía a edades muy tempranas, los estudios así lo confirman, o estar jugando horas y horas a ese juego que tienen prohibido jugar entresemana. Después, hay un hecho que es casi más problemático que el hecho de jugar a los videojuegos.


¿Cuál es?

Estamos viendo muchos pacientes que pasan más horas visualizando en el móvil cómo otras personas juegan a los juegos a los que ellos son adictos, de las que pasan jugando a ese juego. Están durante toda la semana preparando las partidas del fin de semana.


¿Cuál es la situación en el colegio o instituto?

Nosotros estamos en contacto con los tutores de nuestros pacientes y nos consta que las escuelas están desbordadas con el tema del reglamento sobre los móviles. Los chicos los usan constantemente, incluso en clase: juegan, ven el fútbol…


Sigamos con la segunda consecuencia importante

Es la pérdida de intimidad. Se produce una paradoja: la gran ventaja del móvil es poder comunicarse en cualquier momento y desde cualquier lugar, pero esta ventaja se convierte en una gran amenaza para la intimidad. Es decir, en una etapa en la que se busca construir y mantener unas buenas relaciones sociales, se crea la obligación tácita de estar disponible full time y contestar inmediatamente cualquier mensaje para poder seguir teniendo esa conexión con el grupo. Se han roto todas las barreras de la intimidad y de la libertad individual, sin tener en cuenta que uno puede querer estar solo o desconectado para disfrutar de su tiempo de otra manera. La obligatoriedad autoimpuesta de estar siempre conectado es la antesala de la adicción al móvil.


Los adolescentes y adultos, sobre todo, deben conocer en qué consiste la adicción, cuáles son los factores que la están manteniendo

¿Y la tercera?

La tercera consecuencia importante es que se aíslan de la familia y/o de otras personas allegadas. Aquí vuelve a producirse una paradoja: el móvil debería servir para comunicarnos con las personas que aumentan nuestro bienestar, que son importantes para nosotros; en cambio, las personas que tienen una adicción al móvil se aíslan de su comunidad real.

Pero muchas se sienten tremendamente solas en la comunidad virtual

Sí, y pueden darse conductas muy desadaptativas, como las que se dan en el trastorno de Hikikomori.


¿En qué consiste el síndrome de Hikikomori?

Es síndrome de Hikikomori es un trastorno que afecta fundamentalmente a niños y adolescentes. Se vuelven asociales, evitan estar en contacto con el mundo real, se aíslan en sus habitaciones y su vida gira en torno a Internet.


¿Cómo diagnosticáis la adicción al móvil?

Mediante una prueba específica, el ADICT-M: un cuestionario de 22 ítems que evalúa el grado de dependencia al teléfono móvil y valora cuatro dimensiones: la tolerancia, la abstinencia (la necesidad de utilizar cada vez más el dispositivo y la dificultad para controlar los impulsos cuando no lo pueden utilizar), los problemas en el seno familiar derivados del gasto económico (una dimensión que se ha introducido recientemente) y el abuso.


¿En qué consiste el tratamiento?

El tratamiento varía en algunos aspectos en función de las variables de personalidad, familiares y sociales de cada paciente, pero hay que intervenir en cuatro puntos siempre que se trabaja con niños y adolescentes.


¿Cuál es el primer punto de intervención?

Hay que hacer todo un trabajo de psicoeducación porque mucha gente no sabe que tiene una adicción al móvil. Creen, simplemente, que utilizan mucho el teléfono o que juegan bastante, por ejemplo. Los adolescentes y adultos, sobre todo, deben conocer en qué consiste la adicción, cuáles son los factores que la están manteniendo. Cuando les explicas todo lo que hemos mencionado en la entrevista, en qué facetas está siendo disfuncional el uso que hacen del móvil para su vida cotidiana y qué variaciones de carácter están sufriendo originadas por este mal uso y no por su propia naturaleza, empiezan a ser conscientes de la adicción. Hay que poner encima de la mesa toda esta información, poder hablarlo y darles herramientas, no solo para que lo entiendan, que sería la psicoeducación, sino en cuanto a establecer límites.


¿Cómo se ponen los límites?

Al igual que en el tratamiento para la adicción a los videojuegos, poner límites en la adicción al móvil no significa decirle a la persona «No vas a jugar más», sino limitar el uso de cierta manera y con ciertas condiciones. En algunos casos, habrá que premiar que el paciente se ciña a esos límites; en otros, no.


Los pacientes que juegan a través del móvil aseguran que solo están bien cuando lo hacen. Sin embargo, cuando les preguntas si están tranquilos o nerviosos cuando juegan, te responden que están nerviosos, que se enfadan, que a veces tiran el móvil contra el suelo, etc.

Vayamos al segundo punto de intervención

Es lo que antes se denominaba reconstrucción cognitiva y que ahora llamamos gestión de los pensamientos disfuncionales. Se trata de sustituir un pensamiento que es disfuncional porque provoca malestar a la persona por uno útil y adecuado que la ayude a prosperar y a adaptarse a la vida cotidiana.


¿Puedes poner un ejemplo?

Un ejemplo sería cambiar el pensamiento disfuncional de que solo se pueden tener amigos si uno está permanentemente conectado a WhatsApp ̶ lo cual no es cierto ̶, por pensamientos que refuercen la personalidad del paciente. Las habilidades sociales se originan en la persona, no en un aparato.


¿En qué sentidos sería disfuncional el pensamiento que has puesto como ejemplo?

Es un pensamiento disfuncional porque crea malestar a la persona, angustia, inseguridad (solo vales como persona si tienes móvil y estás conectado), irritabilidad, dependencia, pérdida de libertad e intimidad, y ansiedad. Los pensamientos disfuncionales suelen estar muy arraigados. Hay muchos ejemplos: los pacientes que juegan a través del móvil aseguran que solo están bien cuando lo hacen. Sin embargo, cuando les preguntas si están tranquilos o nerviosos cuando juegan, te responden que están nerviosos, que se enfadan, que a veces tiran el móvil contra el suelo, etc. Sus respuestas no tienen nada que ver con estar bien.


Durante el tratamiento, el paciente aprende estrategias para ser capaz de tomar el control sobre su conducta.

Otro pensamiento disfuncional que expresan con frecuencia en terapia es que les va muy bien estar chateando un rato antes de irse a dormir, que les relaja. Pero cuando les empiezas a preguntar si les cuesta más conciliar el sueño los días que chatean o están viendo contenidos, reconocen que sí porque algo de lo que han leído o visto les ha inquietado. Todos estos pensamientos disfuncionales se pueden ir cambiando con el tratamiento psicoterapéutico.


Es su cerebro el que necesita conectarse porque ya hay una adicción, no es que les vaya bien para dormir

Claro. Se lo pide su cerebro. Recordemos una vez más que estamos hablando de una adicción, como lo es el consumo de sustancias.


¿Cuál es el tercer punto en el que intervenís durante el tratamiento?

Se trabaja la gestión y modificación conductual, ya que, obviamente, todo lo que hemos hablado tiene una influencia en la conducta. Durante el tratamiento, el paciente aprende estrategias para ser capaz de tomar el control sobre su conducta. Hay técnicas de control de estímulos y de exposición a ciertas situaciones, así como formas para aprender a sustituir conductas patológicas por otras más sanas y funcionales que aporten más beneficios a la vida de la persona. A todo esto hay que añadir el trabajo que hay que hacer dependiendo de las variables de cada paciente: si tiene una personalidad más adictiva o impulsiva, si tiene más o menos control de sí mismo, los valores y la situación socioeconómica de la familia en la que ha crecido, si hay padres ausentes o no, etc. Es decir, hay que ver qué variables en la vida del paciente refuerzan esa conducta adictiva.




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