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  • Centro Llorens

«El estrés en niños puede derivar en ansiedad y depresión, si no se trata»



Por Susana Lladó


Los adultos tendemos a pensar que el estrés no afecta a los niños y adolescentes, al menos en la medida en que nos afecta a nosotros. Sin embargo, esta creencia es errónea. La psicóloga Núria León nos lo explica en esta entrevista.


Empecemos por definir el estrés

El estrés es un conjunto de reacciones fisiológicas que se presentan cuando una persona está en estado de alerta o vive una situación que para ella es de tensión. No obstante, hay que distinguir cuándo tiene una función positiva y cuándo no.


Si se mantiene el estrés y nuestro organismo sigue liberando cortisol, este pasa a ser muy dañino para nuestra salud física, psicológica y cognitiva

¿Cuál es la función positiva del estrés?

El estrés es un mecanismo adaptativo de defensa que se activa en nuestro organismo ante el peligro o la amenaza. El ser humano ha podido sobrevivir a lo largo del tiempo gracias a este mecanismo de adaptación al medio. Hoy en día, las amenazas del medio ya no son los depredadores, pero vivimos otras situaciones en nuestro día a día que percibimos como amenazantes. Ante ellas, nuestro organismo se sigue activando de manera natural para poder hacerles frente liberando una serie de sustancias.


¿Cuándo se convierte en negativo este mecanismo?

Cuando el nivel de estrés es demasiado alto y sostenido en el tiempo. En estos casos, el equilibrio del organismo se rompe y es cuando se presenta la fatiga, la ansiedad, la ira, enfermedades físicas, etc.


¿Qué le ocurre a nuestro cuerpo cuando estamos sometidos a estrés?

Liberamos cortisol, por ejemplo. Esta hormona es muy útil cuando el estrés es puntual, ya que nos ayuda a aumentar nuestro rendimiento en combinación con otras sustancias que se liberan, como la adrenalina y la noradrenalina. Sin embargo, si se mantiene el estrés y nuestro organismo sigue liberando cortisol, este pasa a ser muy dañino para nuestra salud física, psicológica y cognitiva.


¿Cómo vive un niño o un adolescente el estrés negativo?

De manera diferente a cómo lo hace un adulto. Pensemos que están en pleno desarrollo, de modo que su maduración cognitiva, emocional y conductual es menor que la nuestra. Son más frágiles y vulnerables, por lo que los efectos y consecuencias de un alto nivel de estrés pueden ser más severos.


¿Y si el nivel de estrés es normal?

Las dosis saludables de estrés les ayudan a manejar diferentes situaciones; es decir, si es adaptativo, contribuirá a aumentar su autoestima porque el niño irá comprobando que puede solventar los obstáculos que se va encontrando.


Cualquier pequeño cambio puede tener un impacto en la sensación de seguridad y confianza de un niño o adolescente

¿Qué le genera estrés a un niño o a un adolescente?

Cualquier situación que represente un cambio o adaptarse a una situación nueva: cambiar de colegio, empezar una nueva actividad extraescolar, conocer nuevas personas, problemas familiares, etc. Es importante entender que muchas de las situaciones que para un adulto serían manejables, a un niño o adolescente le pueden provocar estrés.



Por esto a algunos padres les cuesta comprender que su hijo pueda estar estresado

Sí, al principio, muchos no lo entienden. Piensan que al ser ellos los que afrontan los problemas laborales, económicos, etc., su hijo no puede tener motivos para estar estresado. De hecho, es muy excepcional que traigan a su hijo a terapia porque lo ven estresado, lo traen porque no lo ven bien. A los padres hay que explicarles que cualquier pequeño cambio puede tener un impacto en la sensación de seguridad y confianza de un niño o adolescente, y que estos no tienen los recursos que, en general, tenemos los adultos para gestionar las dificultades.


¿Cuáles son las señales y los efectos del estrés a estas edades?

Como el cuerpo humano tiene sus límites, si el estrés continúa o se intensifica, se alteran casi todos los procesos del organismo y este entra en una fase de agotamiento. Puede haber alteraciones psicosomáticas, dificultades para dormir, alteraciones en el apetito, bruxismo, tristeza, irritabilidad, berrinches, bajo rendimiento escolar, menos ganas de cooperar con los demás, retraimiento, la necesidad de dormir mucho, etc.


¿Los síntomas varían en función de la edad del niño?

Sí. Hasta los tres años, una señal habitual es la regresión en el comportamiento: el niño desaprende algo que ya había aprendido, retrocede en algún aspecto. Por ejemplo, quizá ya había aprendido a decir algo y, de pronto, ya no sabe decirlo. También suelen tener rabietas y presentan cambios en la alimentación y el sueño. Tienen pesadillas y miedos nocturnos.


¿Y a partir de los tres años, cuáles son las señales?

De los cuatro a los seis, hay que sumar a los síntomas que he citado anteriormente el apego excesivo a los padres, dificultades de concentración, hiperactividad, bajo rendimiento escolar y, en ocasiones, mutismo. De los siete a los once años, a todas estas señales se añaden el decaimiento, la preocupación excesiva, agresividad, problemas de memoria y somatización, como dolores de barriga, dolor de cabeza, etc.


La mayoría de los colegios e institutos ponen demasiado deberes. Estas y otras sobrecargas de responsabilidades les provocan angustia y estrés. También vemos muchos niños que sufren acoso escolar o bullying, y otros que sufren lo que denominamos tecnoestrés

¿Y en los adolescentes?

Suele ser un poco distinto. Además de todas las señales citadas, suelen tener episodios de llanto, sentir mucha frustración, se muestran excesivamente preocupados, puede haber consumo de drogas y alcohol, aislamiento social y, en casos graves, autolesiones.


Hablemos de las causas del estrés infantojuvenil

Al igual que en los adultos, el estrés en niños y adolescentes suele ser multifactorial. Sin duda, el temperamento y las experiencias que hayan podido tener previamente les pueden hacer más propensos, pero hay otros factores que intervienen, y algunos están directamente relacionados con la época que les ha tocado vivir.


Bien, profundicemos

Por ejemplo, muchos padres apuntan a sus hijos a demasiadas actividades extraescolares debido a que ambos trabajan o a que piensan que es bueno para ellos, pero este exceso provoca que el niño esté hiperestimulado. Asimismo, la mayoría de los colegios e institutos ponen demasiado deberes. Estas y otras sobrecargas de responsabilidades les provocan angustia y estrés. También vemos muchos niños que sufren acoso escolar o bullying, y otros que sufren lo que denominamos tecnoestrés.


¿El estrés provocado por el uso excesivo de la tecnología?

Así es. Los dispositivos electrónicos, el mundo virtual y toda la parte digital cada vez están más presentes en la vida de los niños y adolescentes, y desde edades muy tempranas. Compararse con otros en las redes sociales puede ser un factor desencadénate del estrés, por ejemplo. Además, estas herramientas tecnológicas los estimulan visual, auditiva y cognitivamente. Los estudios nos demuestran que su uso excesivo provoca estrés y depresión, además de poder causar una adicción a las TIC. Por otro lado, el confinamiento hizo aumentar el consumo de estas tecnologías y disminuir la comunicación presencial, que es importantísima. Aunque vamos recuperando la normalidad, han estado sometidos a ese estrés y esto tiene consecuencias.


Si los padres viven en el estrés, difícilmente podrán detectar las señales que emite su hijo, porque para ellos será normal estar estresado

¿Hay algún factor más que creas que es destacable?

La sobreinformación. Los niños y adolescentes de hoy están sometidos a mucha más información que las generaciones anteriores. Puede llegar a abrumarles, por lo que hay que fomentar el sentido crítico en ellos, además de procurar seleccionar y dosificar la información que reciben.


¿Están acusando la situación sociopolítica y económica mundial?

Sin duda. Las noticias negativas constantes con las que nos bombardean los medios de comunicación les provocan un cierto estado de alerta, igual que a los adultos. Son chicos que ya han vivido varias crisis económicas y que, por ejemplo, no saben hacia dónde dirigir su futuro, ya que la oferta de estudios es cada vez más amplia y especializada. Sienten que hay una gran competitividad y que todo es muy exigente. Les estamos transmitiendo la idea de que todo es extremadamente complicado.


¿Cómo pueden ayudar los padres a su hijos?

Son la piedra angular. Los padres son los que mejor pueden detectar un cuadro de estrés en su hijo y derivarlo a un profesional.


Los niños que han vivido experiencias traumáticas, como el bullying, pueden tener pensamientos de tipo paranoico que indican que su estado de alerta ya es agudo

Pero muchos de estos padres también viven estresados

Sí, como todo el mundo va estresado, se normaliza. Si los padres viven en el estrés, difícilmente podrán detectar las señales que emite su hijo, porque para ellos será normal estar estresado. Pero un padre no puede equipararse a un hijo, tiene que ser capaz de poner sus problemas en stand by y atender a lo que le está pasando al niño.


¿Qué pautas serían las aconsejables para los padres?

Tener un comportamiento saludable es la mejor manera de ayudar a un hijo, porque ese será su ejemplo. Si en la familia va a haber cualquier tipo de cambio, hay que hablar con el niño y explicárselo para que se pueda ir preparando. También es fundamental escuchar a ese niño o adolescente sin juzgarlo, empatizar con él. Muchos padres creen que como su hijo lo tiene todo, no puede tener motivos para tener estrés. Pero un menor tiene sus problemas: con sus compañeros, con sus amigos, en los estudios, etc. Pensemos que para un adolescente, su grupo de iguales es su mundo, por ejemplo. En una etapa tan sensible del desarrollo, hay que validar lo que les pasa, lo que sienten.


¿Si no se trata el estrés a estas edades, cuáles son las consecuencias?

El estrés no tratado a tiempo en niños y adolescentes puede derivar en cuadros de ansiedad y depresión, la cual puede afectar a su desarrollo global. Lo ideal es que los padres lleven a su hijo a terapia en cuanto detectan los primeros síntomas. En nuestro centro, además de lo que vamos detectando durante la terapia, les realizamos un test, el SENA, que nos permite identificar los síntomas: miedos, preocupaciones excesivas, frustraciones, si tiene pensamientos de tipo paranoico, etc.


¿Pensamientos de tipo paranoico?

Sí. Los niños que han vivido experiencias traumáticas, como el bullying, pueden tener pensamientos de tipo paranoico que indican que su estado de alerta ya es agudo, como pánico a que fallezcan sus padres, por ejemplo. No es nada excepcional, lo vemos con cierta frecuencia.



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