• Susana Lladó

Dificultades de aprendizaje: la disgrafía

Actualizado: 13 sept



La disgrafía, al igual que la disortografía, es una dificultad en el aprendizaje de la escritura. Aunque ambas forman parte de la sintomatología habitual de una lateralidad mal definida, no hay que confundirlas. En el artículo de la semana pasada explicamos qué es la disortografía, cuál es su relación con la lateralidad, los errores más comunes que cometen los niños con esta disfunción al escribir y cómo se trata en terapia. Hoy dedicamos el artículo a la disgrafía.


Qué es la disgrafía


La disgrafía es un trastorno funcional que provoca que el niño no reproduzca correctamente la forma de las letras (grafía). En otras palabras, la escritura de estos niños es ilegible por los trazados mal formados (mala letra), y suelen hacer numerosos borrones. En cambio, la letra de los niños con disortografía que no presentan disgrafía sí es legible, aunque cometan los múltiples y reiterados errores ortográficos propios de la disortografía. La disgrafía, por tanto, hace que lo que escriben resulte indescifrable, tanto para los profesores como para ellos mismos.


Cuál es su relación con la lateralidad


La proporción de niños con trastorno de lateralidad entre los niños con disgrafía es significativa (Da Fonseca, 2005). Esto se debe al cruce de lateralidad ojo-mano, al retraso motor y a que no han adquirido correctamente el esquema corporal, por lo que no se orientan bien en el espacio ni pueden organizarlo. Estas causas son las que también provocan los problemas de ortografía de la disortografía y las dificultades para realizar los movimientos relacionados con la motricidad fina, como recortar, abotonarse, utilizar los cubiertos, dibujar, colorear sin salirse de los límites, etc.


Signos de la disgrafía


Al tener dificultades de organización espacial, los niños con disgrafía no saben orientar las letras y palabras al escribirlas o copiarlas, no distribuyen bien lo que escriben o dibujan en la hoja, la escritura es inclinada, no respetan los márgenes, se saltan renglones y los espacios entre las líneas y entre las letras son excesivamente grandes o, por el contrario, demasiado ajustados.


Otro signo de la disgrafía es que no agarran bien el lápiz y ejercen mucha presión sobre él al escribir. Esto se debe a su esfuerzo de concentración para intentar hacer buena letra. Al costarles tanto esfuerzo escribir (escriben lentamente), evitan hacerlo o se cansan enseguida. Asimismo, los niños con disgrafía adoptan mala postura al escribir: se inclinan excesivamente sobre la mesa.


Cómo se trata en terapia


La disgrafía, al igual que los otros síntomas asociados al trastorno de lateralidad, se trabaja en la terapia de lateralidad de forma personalizada y en función de los resultados del test de lateralidad de cada paciente. Este tratamiento personalizado es fundamental, ya que no hay dos niños con los mismos porcentajes de dominancia visual y manual (ni de dominancia podal y auditiva), lo que requiere adaptar los ejercicios a cada paciente.


Del mismo modo, cada niño tiene sus propias dificultades de motricidad y una conciencia corporal distinta, así como su propio ritmo de aprendizaje y problemas emocionales específicos derivados de las dificultades de aprendizaje.


No obstante, y al margen de las especificidades, en la terapia se trabaja la lateralidad, la motricidad fina, las habilidades de planificación motora (pasos de los movimientos), la coordinación oculomanual, el esquema corporal, la percepción y organización espacial, el reconocimiento de los grafemas, el control del agarre del lápiz, la distensión del cuerpo, la rigidez o laxitud motora (dependiendo de si el niño es hipertónico o hipotónico), la postura corporal, la atención, la memoria, la desmotivación y todos aquellos síntomas emocionales que puedan estar afectando al paciente e interfiriendo en su aprendizaje.




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