• Susana Lladó

¿Cuándo se convierte la ansiedad en un trastorno?



La ansiedad ha aumentado un 25 % en los dos últimos años


La ansiedad y los trastornos de ansiedad siempre han sido uno de los principales motivos de consulta entre la población adulta, tanto en los centros de salud públicos como en las consultas privadas de psicólogos. Sin embargo, desde que empezó la pandemia, la prevalencia de la ansiedad ha aumentado un 25 % entre la población general, según la Organización Mundial de la Salud (OMS); una cifra que incluye a más mujeres que a hombres y a un porcentaje significativo de personas jóvenes de 20 a 24 años.


Según este mismo informe de la OMS, la incertidumbre, el aislamiento y el estrés a los que hemos estado sometidos durante los últimos dos años han sido el motivo principal por el que también han aumentado significativamente las autolesiones y las conductas suicidas entre la población joven y adolescente durante este periodo. El informe arroja otro dato preocupante: se estima que en el año 2030 los problemas de salud mental, incluyendo la ansiedad, constituirán la principal causa de discapacidad en el mundo.


Qué es la ansiedad y cuándo hablamos de trastorno



Sentir ansiedad alguna vez es normal, como también lo es sentir tristeza o enfado. De hecho, la ansiedad es una emoción natural y adaptativa que ha sido clave en la supervivencia de la especie humana: el estado de alerta que se genera al anticipar un peligro es el que les permitía a nuestros ancestros reaccionar ante la presencia de los animales depredadores protegiéndose o luchando, por ejemplo.


Es como si conducimos un coche y lo mantenemos acelerado sin parar. En un momento dado nos puede servir para llegar antes a nuestro destino, pero si todos los días hacemos lo mismo, el coche acabará teniendo una avería, explica la psicóloga del centro Núria León.

Sin embargo, cuando la intensidad de la ansiedad causa mucho malestar porque es muy alta, cuando el estado de ansiedad permanece durante seis meses o más (en adultos) y se da un deterioro funcional en la vida de la persona (académica, laboral, social, familiar, etc.) es cuando hablamos de trastorno de ansiedad; un trastorno que es desadaptativo y paralizante. El sistema de respuesta a la ansiedad está desbordado y funciona incorrectamente.




Y es que, aunque la ansiedad sea una respuesta adaptativa a las demandas del entorno, nuestra mente y nuestro cuerpo no pueden estar continuamente en este estado de tensión constante. Pensemos que la anticipación de un peligro (real o no) genera una respuesta fisiológica: fundamentalmente, una activación del sistema nervioso, aunque también se pueden activar otros sistemas, como el hormonal y el inmunitario. Si esta activación se da a menudo y de forma intensa, puede provocar problemas de salud física y mental, además de una disminución del rendimiento laboral o académico. «Es como si conducimos un coche y lo mantenemos acelerado sin parar. En un momento dado nos puede servir para llegar antes a nuestro destino, pero si todos los días hacemos lo mismo, el coche acabará teniendo una avería”, explica la psicóloga del centro Núria León.


Síntomas


La etimología de la palabra ansiedad nos da mucha información sobre esta emoción: ansiedad viene de la palabra latina anxietas, que significa preocupación por lo desconocido, y también está relacionada con la palabra griega angor que significa estrangulación y opresión.


La ansiedad también está muy relacionada con cómo la persona interpreta las situaciones que se le presentan. No todas las personas sentimos ansiedad ante los mismos hechos. La interpretación puede estar condicionada por las creencias, la educación recibida, episodios vividos anteriormente, etc. Por esta razón, parte del trabajo en la psicoterapia es conseguir que el paciente aprenda a modificar su tendencia poco objetiva a interpretar ciertas situaciones», añade la especialista

La emoción se caracteriza por un sentimiento de preocupación, angustia, inquietud, nerviosismo, sensación de amenaza, inseguridad e irritabilidad. Incluso puede presentarse sensación de pánico acompañada de sudoración, taquicardia, palpitaciones, dolor en el pecho, náuseas, vómitos, migrañas y temblores. Suele provocar tensión muscular, insomnio y fatiga, e ir acompañada de síntomas cognitivos, como dificultad para concentrarse, problemas de memoria, pensamientos rumiativos o disfuncionales y confusión. Cuando es intensa y/o mantenida en el tiempo, puede causar problemas cardíacos, diabetes, depresión y otros trastornos psicológicos. Y también puede haber una pérdida de control de la conducta habitual. «Los síntomas cognitivos acentúan los síntomas físicos. Además, la persona puede experimentar miedo a los conflictos, verborrea, bloqueos, impulsividad, ganas de huir, miedo a perder el control o despersonalización», señala la terapeuta.




Causas


Los factores desencadenantes de la ansiedad pueden ser muy variados: entre ellos, hay factores genéticos, biológicos, psicológicos, ambientales, de estrés, temperamento o carácter, ya que hay personas que toleran mal la incertidumbre. De hecho, hay personas que son naturalmente más sensibles a la ansiedad: en ellas se da un factor de predisposición a experimentarla y a desarrollar un trastorno de ansiedad.


Del mismo modo, todos nos podemos volver sensibles al estrés y desarrollar ansiedad si vivimos experiencias traumáticas que se repiten en el tiempo, como algún tipo de abuso, o experiencias vitales que son traumáticas: una separación, un despido, etc.


«La ansiedad también está muy relacionada con cómo la persona interpreta las situaciones que se le presentan. No todas las personas sentimos ansiedad ante los mismos hechos. La interpretación puede estar condicionada por las creencias, la educación recibida, episodios vividos anteriormente, etc. Por esta razón, parte del trabajo en la psicoterapia es conseguir que el paciente aprenda a modificar su tendencia poco objetiva a interpretar ciertas situaciones», añade la especialista.


La psicoterapia ayuda al paciente a comprender mejor los problemas y sus causas, así como a modificar sus patrones de pensamiento, a tener un mayor control de los síntomas y a desarrollar respuestas más adaptativas


Estrés y ansiedad no son lo mismo


La diferencia entre ansiedad y estrés no es obvia, ya que los síntomas de ambas emociones son muy parecidos. El estrés es la reacción que se desencadena en el cuerpo ante una amenaza fácilmente reconocible, y suele durar poco tiempo. En cambio, la ansiedad puede aparecer a causa de un motivo mucho más difuso o sin que haya un motivo real, y es más persistente. Además, así como el estrés suele disminuir o desaparecer cuando la causa también lo hace, la ansiedad puede continuar aunque el factor desencadenante cese. Por otro lado, la intensidad psicológica y emocional es mayor en la ansiedad.


¿Cómo se trabaja en terapia?



El objetivo de la psicoterapia para la ansiedad no es erradicarla, sino aprender a manejarla de una manera más saludable. En nuestro centro, los terapeutas utilizan la terapia cognitivo-conductual, ya que es la más recomendable por su mayor evidencia científica de éxito. La psicoterapia ayuda al paciente a comprender mejor los problemas y sus causas, así como a modificar sus patrones de pensamiento, a tener un mayor control de los síntomas y a desarrollar respuestas más adaptativas. También es muy importante el papel de la psicoeducación en la terapia: a los pacientes les ayuda mucho que se les explique qué es la ansiedad, cómo se ha originado, qué la mantiene e introducir cambios en sus rutinas y hábitos.


Durante las sesiones de terapia se trabaja con diversas técnicas, como la restructuración cognitiva, las técnicas de respiración y relajación, y las técnicas de exposición para afrontar las emociones.


En un próximo artículo abordaremos los trastornos de la ansiedad más habituales: ataques de pánico, la agorafobia, las fobias específicas, fobia social, el trastorno de ansiedad generalizado, el trastorno de estrés postraumático, el TOC y la hipocondría.





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